parámetro desconocido: si la actividad es híbrida; esto es, si dándose con anterioridad, aprovecha las condiciones de la virtualidad para desarrollarse.

2. Bitácoras o weblogs

Las bitácoras constituyen uno de los mejores ejemplos representativos que nos hablan del carácter inédito de los nuevos medios en Internet. Puede pensarse en un principio que la labor de las bitácoras apenas es novedosa, en la medida en que responde a una actividad que ya se desempeñaba antes del desarrollo de la Red de redes. Efectivamente, relatar contenidos mediante una exposición cronológica es algo propio de los diarios manuscritos, y es pertinente pensar que las bitácoras han adquirido la forma que poseen en la actualidad porque sus inventores pensaron en llevar la idea de los diarios manuscritos a Internet. Siguiendo esta exposición, parecería más prudente identificar las bitácoras como medios de naturaleza “híbrida”, en cuanto que se trataría de una actividad que ya se desarrollaba antes de la aparición de la Red, y que ha encontrado precisamente en la virtualidad el medio propicio y adecuado para desarrollarse.

Pese a esto, y aun considerando ciertas estas ideas, nos decantamos más por identificar las bitácoras como inéditas antes que como híbridas, en el momento en que si bien la actividad es parecida a lo que se hace fuera de Internet –redactar un diario manuscrito– lo cierto es que la virtualidad ha venido a plantear dos modificaciones de envergadura que no deben pasarse por alto. Nos referimos concretamente a las potencialidades de comunicación y a las de fondo documental.

Respecto a la primera, los diarios manuscritos suponen el volcado “interno” de las reflexiones e ideas que sus desarrolladores producen. Independientemente de que esas reflexiones e ideas puedan ser compartidas por otros, mediante la publicación de esos diarios, lo que parece evidente es que éstos no tienen la vocación de comunicación que sí poseen las bitácoras en Internet. Esta comunicación se manifiesta tanto en el soporte en que se publican las reflexiones –Internet es un espacio de y para la comunicación: cabe pensar que aquel que publica su bitácora en la Red posee una intencionalidad de hacer llegar a otros sus ideas y reflexiones; de comunicar–, como en el hecho del despliegue de la posibilidades dialógicas de las bitácoras, las cuales permiten crear relación entre el sujeto desarrollador de la bitácora y aquellos que habitualmente la leen.

Estas dos características justificarían el hecho de referirnos a la naturaleza de las bitácoras como de “inéditas”, en cuanto que aportan dimensiones muy diferentes respecto a los diarios manuscritos. Podríamos llegar a decir que la similitud de los diarios manuscritos y bitácoras se encuentra en la forma temporal –la estructura diaria de los contenidos– aunque su “esencia” es del todo diferente: los primeros hablan de un carácter reflexivo interno, mientras que las segundas poseen una clara vocación “abierta”; de comunicación.

Lo que hemos denominado fondo documental también se erige en criterio diferenciador respecto a los diarios manuscritos. En estos no existe más información que aquella que aporta el escritor. En las bitácoras, sin embargo, acotar los contenidos que la conforman implica irse mucho más allá de lo que escribe habitualmente su autor: la remisión que lleva a otras páginas web implica una estructura eminentemente “abierta” –los enlaces hipertextuales crean un proceso relacional entre contenidos que potencialmente puede abarcar

 

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