hacía
antes, y aquellas otras que, efectivamente, suponen verdaderamente
una nueva actividad, desconocida hasta antes de la irrupción
y uso de la Red de redes.
Dentro
del concepto naturaleza híbrida se ubican aquellas actividades
o acciones que, si bien se desarrollaban antes del nacimiento
de Internet, encuentran en el nuevo soporte tecnológico
el medio a través del cual despliegan las potencialidades
específicas de la virtualidad. Es decir, aprovechándose
de las connotaciones que Internet ofrece, esas actividades modifican
la manera en cómo operaban.
Quizá
lo más destacado en Internet es encontrarnos con cibermedios
que poseen naturaleza inédita. Decimos que un nuevo medio
posee naturaleza inédita en el momento en que el desarrollo
de su actividad encuentra su plenitud en la virtualidad de Internet.
No se apoya en lo virtual como medio para su expansión,
sino que lo virtual es la causa –como existencia–
de ese nuevo medio: sólo ha sido posible desarrollarlo
ahí, y no en otro escenario. La actividad se da en la
medida en que Internet es una realidad.
Lo
que subyace en este planteamiento es la idea que han puesto
de manifiesto algunos investigadores acerca del tipo de acciones
que se dan en Internet: si éstas pueden ser entendidas
como un mero reflejo o representación de la vida real,
o si, por el contrario, se trata de acciones con una entidad
aparte, distinta a las que se producen en la vida real. Quéau,
Berners-Lee y Graham son, entre otros, algunos de los autores
que tratan esta cuestión. Quéau (1995) afirma
que lo virtual es generador de lugares y procesos en el momento
en que posibilita acciones, modos de relación, etcétera,
que son posibles ahora, gracias al nacimiento y expansión
de Internet. Por su parte, Graham (1999) da por supuesto que
Internet es generador de nuevas opciones y posibilidades –acciones–
en la medida que se pregunta si éstas son realmente transformadoras,
y se refiere en concreto a las nuevas formas de participación
política de los ciudadanos a través de las redes
de ordenadores o a las relaciones grupales que se generan en
las comunidades virtuales.
Berners-Lee (2000) realiza una aportación de mucha relevancia.
Al inventar la tecnología WWW pensaba en principio que
serviría para “ayudar a la gente a hacer cosas
en la red de la vida real: sería un espejo que reflejase
informes o conversaciones o arte, y trazase interacciones sociales”
(2000, 152), mientras que con el tiempo descubrió que
la Web era un entorno para construir y hacer cosas que no tenían
parangón en la vida real: “pero cada vez más
el modelo del espejo está equivocado, porque la interacción
está teniendo lugar sobre todo en el Web. La gente usa
el Web para construir cosas que no han construido, escrito,
dibujado o comunicado en ningún otro lugar” (2000,
152).
Las
tres aportaciones, sobre todo la de Berners–Lee, ponen
de manifiesto una cuestión que no debe ser pasada por
alto al estudiar los cibermedios. Lo que en ellos se hace –sus
finalidades– ¿es algo que ya se hacía con
anterioridad, o suponen acciones que sólo son posibles
ahora, con el desarrollo de las tecnologías digitales?
Las
tres dimensiones que presentamos –tradicional, híbrida
e inédita– materializan las ideas de estos tres
autores –que son reflejo de otros tantos–, pero
tratando de acoplarlos a la realidad de estudio que nos incumbe:
los nuevos medios. Este acoplamiento posee clara vocación
de concreción, en la medida en que no sólo supone
analizar si los medios son o no reflejo de lo que se hace fuera
de Internet –actividad tradicional o inédita–
sino que aporta un
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