Con este ejemplo Levy (1995) muestra lo que señalábamos anteriormente con respecto al desdoblamiento de los cuerpos.

“El Homo comunicans es un ser sin interioridad y sin cuerpo, que vive en una sociedad que no tiene secretos, un ser por entero volcado hacia lo social, que sólo existe a través de la información y el intercambio, en una sociedad transparente gracias a las nuevas “máquinas de comunicar” (Breton, 1992: 52).
Sin embargo el cuerpo se resiste a ser considerado un mero continente de información.

La vuelta al cuerpo

Volviendo entonces a ese contínuo que mencionábamos anteriormente, desde la clínica, la palabra límite es uno de los términos que se asocian con las enfermedades o momentos llamados psicosomáticos. Los pacientes suelen encontrar en la enfermedad un aval para el descanso, el reencuentro con el cuerpo que brinda ese sentimiento de estar vivo (Kohut, 1988).

Como muy acertadamente ha planteado Mc Dougall “las enfermedades psicosomáticas pueden representar una lucha por la supervivencia psíquica” (1996: 94).

El cuerpo dice basta cuando la mente no puede decirlo, cuando las defensas dejan de ser eficaces y la angustia se vuelve intolerable y ya no es posible tramitarla psíquicamente.

Hay un exceso de desconsideración hacia el cuerpo que es penalizado por la enfermedad que incorpora desde la exterioridad un límite que el sujeto no puede ponerse a sí mismo.

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