La CMC permite “jugar con las identidades, trabajarlas
inclusive”, crear escenarios en donde podemos simular
la muerte de otros y la nuestra propia, pero no escapar a ese
límite último que marca el fin de lo lúdico
y lo vital.
Las posibilidades deconstructivas de la personalidad, el viajar
del cuerpo por el ciberespacio, encuentran el tope del cuerpo
real, material.
¿Cuánto
tiempo se puede sostener la multipresencia y cuál es
el costo psíquico de tal fantasía/realidad?
Las relaciones mente-cuerpo no son relaciones fáciles,
siendo muy intrincadas sus conexiones. El progreso científico
ha permitido una mejor comprensión de ambos polos a la
vez que diversas técnicas han generado posibilidades
de ver el modo en que interactúan pensamientos y musculatura.
De la vieja técnica del ensueño dirigido creada
por Desoille (1973) llegamos en la actualidad a la imaginería
o visualización practicada por los deportistas de elite
para entrenarse en la alta competencia. Esta técnica
de visualización a través del pensar, imaginar,
“ver los movimientos corporales en los pensamientos”,
pone en juego los músculos y el cuerpo aun cuando no
haya movimiento “real”. A su vez esos estados mentales,
con sus correspondientes respuestas corporales pueden ser ahora
visualizados como en las técnicas de biofeedback o de
respuesta dermogalvánica (González, 1997). Ya
sabíamos de la importancia de la psiquis en los cambios
corporales; ahora podemos ver en pantalla cómo se dan
esas alteraciones con sólo pensarlas.