Los
límites sólidos de los cuerpos han dejado paso
en la modernidad líquida a cuerpos también líquidos,
disueltos, que deben ser atravesados por piercings para existir,
apelar a los deportes extremos para volver a sentir esos bordes
perdidos, o alcanzar límites musculares que los tornen
fuertes, tonificados, sólidos, existentes.
La
moneda con sus dos caras está en el aire. Dos lógicas
distintas coexisten: fluidez y materialidad, conexión
y cuerpo, deslizamiento y caída con golpe. Vivir en ambos
mundos no es tarea sencilla ni para el nacido en la materialidad
que no sabe fluir y mutar, ni para el joven líquido sin
tiempo para detenerse, pensar, leer, conversar, y simplemente
estar “solamente” aquí.
Bibliografía
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