Dos
caras de una moneda: fluidez y materialidad en los cuerpos posmodernos
Roberto Balaguer
Psicólogo
Coordinadora de Psicólogos del Uruguay
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Introducción
Los cuerpos de esta era están expuestos a vivencias de
multipresencia a través de las redes. La radio, un invento
a esta altura ya muy viejo, genera la ilusión de una
doble presencia. El radioescucha puede desempeñar sus
tareas cotidianas mientras comparte su atención y su
cuerpo. Si bien está presente aquí, en algún
sentido también está allá en el éter
y en el estudio de la emisora.
La televisión ejerce una fuerza aun más fuerte
que la de la radio. Frente a la televisión el cuerpo
se abandona, se niega en parte y se traslada imaginariamente
con la cámara a los distintos lugares donde se desarrolla
la acción. Con la computadora y las redes sucede algo
similar. El sujeto se funde con el objeto, desaparece, se disuelve
como en la Matrix. Esa doble o múltiple presencia, según
el caso, presenta algunas complicaciones cuando el cuerpo material
reclama estar solamente aquí.
Las necesidades del cuerpo son sentidas como intrusismos que
desarticulan la relación inmersiva con la red. Ese estado
de fusión con el objeto que provee una ilusión
de simultánea presencia aquí; sentado; y allá
en la escena observada, es un estado del cual es difícil
salir. Por eso, el “volver al cuerpo” es sentido
por las personas como una limitación a sus posibilidades
de licuidificación y multipresencia a través de
las redes. Volver, desconectarse es molesto, obliga a recordar
la existencia de un cuerpo limitado.
Paralelamente
a la descorporeización en las redes, otro cuerpo ha quedado
en foco: el cuerpo fragmentado, disperso, ubicable en una proliferación
de patologías psicosomáticas que lo hacen estallar
en pedazos en sus funciones.