Vol. 1, Agosto, 2001 

 

:Teknosphera: artículos filo-tecnoculturales 

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AMORES ON-LINE / OFF-LINE

Entrevista con Ángel J. Gordo López
ajgordol@teleline.es
Versión extensa del reportaje “Boom on Line” de Silvia Andujar
A publicarse en el Periódico
ABC, suplemento “Blanco y Negro”, Sección “Mujer”

Según los americanos, máximos expertos en la cuestión, sólo el 1 % de las parejas que se establecen on-line triunfan en la vida real. Cifras al margen, la red está provocando una revolución en nuestras vidas y nociones como cuerpo, subjetividad y sensualidad, adoptan nuevos aires.

La actriz Paloma Hurtado acaba de casarse en Orlando (EEUU) con Pat Wolf, un chileno nacionalizado americano. Más allá de la culminación de una historia de amor, la boda presenta matices novedosos debido a que ambos se conocieron cuatro años atrás en un chat. A ella le interesó el nick (seudónimo en la jerga de internet) “oyecomvá” que adoptó el misterioso personaje localizado en ciberespacio. Después de largas confidencias mutuas que incrementaron el entendimiento a distancia, se vieron varias veces personalmente en sus respectivos países hasta que decidieron compartir sus vidas…y comieron perdices.

Lo mismo le sucedió a Sergio, un joven empresario. Separado de su mujer, la incursión en la red le permitió establecer una relación con Bárbara, una americana de 25 años dedicada al marketing. Ella viajó a Madrid, se conocieron, decidieron que eran el uno para el otro, se casaron  y establecieron su residencia familiar en España. Tres meses después, la americana decepcionada, retornaba a su país de origen. De momento, Sergio ha decidido retirarse de los chats.

Hasta ahí, los encuentros y desencuentros amorosos no se diferencian de otros al margen de la intermediación de la red. No obstante, las relaciones on-line tienen características propias.

CUERPO Y SENSUALIDAD

“El impacto de la red no puede disociarse del contexto actual. La tecnología no aparece en el vacío. Tampoco aparece como un producto acabado, sino como un proceso que sintetiza historias de colectivos y patrones de comunicación en constante transformación. Es una jungla des-organizada pero no caótica. En el momento actual, la popularidad de internet contrasta con el cada vez mayor aislamiento de las personas. Por ejemplo, era habitual que nuestros padres entablasen una cierta relación con el panadero, con los vecinos… Con el actual vértigo del tiempo vital cambiamos continuamente de trabajo, de piso, de ciudad y, últimamente, de móvil, de software o incluso, como en la red, de señas de identidad. Internet se oferta como un medio para la construcción de espacios de comunicación, como si fuese la única manera de socializarse que nunca nos abandonará, que está ahí siempre que podamos acceder, compensando de este modo el creciente desarraigo y soledad. Resulta interesante apreciar que incluso antes de entrar por primera vez en la red, bien sea a través de las conversaciones con conocidos, las películas, las campañas publicitarias o por la cobertura que recibe en la prensa, nos sintamos incitados a jugar a adquirir falsas identidades, a transgredir los límites de género, o a adoptar características variadas - violentas, amenas, fluidas. Es en esta conjunción entre visiones del imaginario social y tecnológico que se imponen, donde también deberíamos pensar sobre los espacios y posibilidades de las relaciones híbridas entre espacios “on-line” y “off-line”, así como el modo en que estas relaciones y espacios se reconfiguran mutuamente”, dice Ángel J. Gordo López, profesor de la Facultad de Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y editor, junto a Ian Parker, del libro Cyberpsychology (Ed. Macmillan, 1999).

Más aún, según Gordo López, “esta modalidad de comunicación garantiza al usuario la ilusión de trasladarse a un lugar, real o imaginario, fuera de su ubicación física. Entre los límites de sus distintas modalidades, la comunicación mediada por ordenador permite cambiar de identidad, de nombre, de género, de servidor, de e-mail, decir lo que venga en gana o entrar sin participar, y a menudo matizado o envuelto por una falsa noción de participación  en un espacio común, con una carga erótica o cibersexo, donde, como en nuestra sociedades occidentales, se tiende a equiparar participación con interactividad e interactividad con democracia. En este sentido, no sería tanto un nuevo espacio o forma de comunicación sino un cocktail de modalidades comunicativas. Los efectos de este cocktail son tan impredecibles como esperados, tan emancipadores como reguladores.” Y ofrece ejemplos de cómo los nuevos avances tecnológicos acaparan nuevos intereses: “En un congreso de realidad virtual en 1993 pude presenciar como los dueños de cadenas de tiendas de transformación se paseaban por el congreso internacional preguntando los precios de los nuevos sistemas que permitirían a sus clientes travestirse en ambientes virtuales. En este sentido los avances tecnológicos sirven para armonizar aparentes contradicciones identitarias sin necesidad de encarar en la “vida real” los riesgos que para algunas personas podría suponer travestirse fuera del espacio íntimo o, ahora también, virtual”. A su vez, recuerda como “una diseñadora de 29 años, afirmaba en una revista querer mantener el 80% de sus relaciones en persona, sin desechar la posibilidad del resto del tiempo tener fantasías con tipos atractivos en espacios virtuales”.

Gordo López apunta que a su entender, convendría  “no dejar de preguntarse, bien sea como investigadores sociales o como meros usuarios, en qué medida estas “nuevas” formas de comunicación transforman, dejan intactos o perpetúan dinámicas de diversidad social, y en concreto, en qué medida dejan intactas o transforman las relaciones entre los sexos y entre las personas del mismos sexo”.

Begoña, antropóloga de 55 años, divorciada y con una hija,  mantiene desde hace quince años una relación insatisfactoria con David, plagada de separaciones y reconciliaciones.  La dependencia afectiva, el miedo a la soledad y la conciencia de que a su edad es difícil encontrar una media naranja la impulsó a incursionar, seis meses atrás, en los chats, hasta ahora sin resultados positivos.

Pablo, ingeniero, 35 años, visita la red desde hace tres. “A medida que fui ganando experiencia aumentó mi decepción”, dice. “Al principio me entusiasmaba conocer a las chicas con las que chateaba. Pero sólo el 1 % de los encuentros que tuve se transformaron en una segunda cita”. En ningún caso, encontró la persona  que prefiguraba el intercambio en el ciberespacio : “no había feeling”, explica.

LA SUBJETIVIDAD EN LA RED

 “La red nos permite compatibilizar espacios antes incompatibles –dice Ángel Gordo López-, precipita comunicaciones, permite líneas de deseos e intrigas a golpe de ratón entre cuerpos normalmente alejados geográficamente. Permite un exceso de individualismo conectados en espacios comunes así como la celebración de la incoherencia social. Igualmente permite comprender con gran nitidez el modo en que distintos códigos y dinámicas sociales se activan y ejecutan, repitiéndose hasta la saciedad, de un modo parecido a las parodias que puedan hacer l@s drag queens y l@s drag kings de estereotipos de feminidad y masculinidad. Esta pautas de interacción aparecen en tiempos y espacios condensados de banda estrecha como los chats a los que se accede desde los lugares más variados, como desde el tedio del trabajo, en la soledad hogareña del reciente desamor, desde los portátiles en los aeropuertos, en los cibercafés, en las aulas informáticas de las universidades, en los colegios...,–y pregunta Gordo López-, ¿Por qué  personas que acaban de dejarlo con su pareja, o se sienten solas, o aburridas, recurren tan a menudo al chat? ¿A qué se debe que el amor y la sexualidad estén tan a flor de piel en estos espacios tan aparentemente fríos e “in-humanos”?  Subjetividad y sexo no se circunscriben, como en la vida real,  a entornos íntimos y físicos. Sexo, amor, soledad, flirteo, affaires… circulan en la red con una ventaja: armonizando la cultura del riesgo, del placer inmediato y la seguridad. En ella, por ejemplo, los virus son informáticos, no aparece el sida, aunque tampoco erradican la homofobia ni necesariamente los estereotipos dominantes de género. Más aún, la fisicalidad anónima e informática da carta de ciudadanía a la transgresión y la normaliza”, afirma Gordo López.

“Retornamos así a un híbrido entre la cultura de la consumación inmediata del placer, donde los placeres se reducen cada vez más al deseo sexual, y la cultura epistolar, un rebrote del romanticismo, de personas en contactos in-mediatos, agilizados por los satélites. La presunta transgresión de la identidad, de las clases sociales, de las jerarquías, aparecería ya en las calles de distintos centro urbanos europeos medievales. Ahora esos espacios, la celebración de la transformación y del carnaval social,  se concentran cada vez más en realidades virtuales. Sin embargo, la comunicación no se produce en banda ancha, es decir visual, electrotactil y auditiva, sino en banda estrecha, textual. Y en la cultura del chateo donde aparecen nuevas nociones de presencia, de erótica de pantalla”, señala Gordo López.

 “En los chats se miente mucho”, asegura Natalia, 21 años, estudiante de cine y asidua de la red. “En principio uno chatea para contactar e intercambiar impresiones con gente de diferentes culturas y países. Incluso para divertirse”. No obstante, en su caso, encontró el amor. “Escribí mi nombre, edad e intereses y al poco tiempo me contestó un chico de 25 años, mexicano, que pensaba venir a Madrid  para hacer el doctorado en cine. Nos entendimos desde el primer momento. Intercambiamos fotos a través de la red mientras crecía el interés mutuo. Hablamos varias veces por teléfono, como una forma de aproximarnos más, hasta que, por fin, él aterrizó en Madrid. Estuvimos por cancelar la primera cita debido al nerviosismo y al temor a la decepción que nos paralizaba a ambos. Cuando nos encontramos, sin embargo, todo fue muchísimo mejor que en la red. A tal punto, que desde que llegó, no nos despegamos el uno del otro. ¿Qué sucederá cuando él termine su doctorado en junio…? El tiempo lo dirá."

Un caso similar lo vivió Rodrigo, 35 años, odontólogo y homosexual. “Después de una relación de muchos años – explica- no encontraba ninguna que fuera más allá de un simple aquí-te-pillo-aquí-te-mato. Eso no iba conmigo. Me sumergí en la red y al cabo de mucho tiempo contacté con un empresario brasileño de 28 años. On-line, aquello parecía perfecto. Pero ¿qué sucedería off-line? Viajé a Brasil, lo conocí, y mis expectativas no se vieron defraudadas. Todo lo contrario. Tiempo después, él vino a Madrid y comprobamos que coincidíamos aún más. Mientras continuamos la relación a través de internet y por teléfono, planeamos su venida a España. Su especialidad le permitiría trabajar desde Madrid, mientras a mí me resultaría difícil comenzar desde cero en Brasil. La idea es que vivamos juntos en mi casa a mediados de este año.”

EL TACTO: SENTIDO REY

“¿Por qué los chats, después de casi dos décadas, no han evolucionado masivamente hacia entornos e interfaces, por ejemplo, más visuales y gráficos?”, ¿Por qué los chats visuales, como los avatars, son tan pocos frecuentados en la red?, se pregunta Angel Gordo. Y agrega: “Porque la capacidad de fantasía que posibilita la comunicación textual  sería contrarrestada por lo visual. Si hace unos años el lema era “avancemos hacia lo gráfico, lo visual, lo fotorealístico”,  ahora la investigación se encamina sucintamente hacia la inmersión orgánica y táctil.  Así se aprecia en recientes  fábulas futurísticas como la última película de David Cronenberg, Existen-Z,  y en numerosos juegos de ordenador, donde la fantasía última sería “enchufarnos” literalmente a la máquina y no saber si estamos fuera o dentro, off/on-line. En añadidura la tecnología cada vez más acoge lo emocional mientras reimagina y reconfigura lo biológico, lo social. El tacto ya sería concebido por los antiguos egipcios como el sentido rey, el sentido integrador. En la red, por ejemplo, este concepto amplio del tacto, de comunicar, percibir, entender..  implica que lo textual adquiere tacto, sensualidad, a través de lo virtual. En un chat lo importante no es tanto lo que dice el otro sino cómo se imaginan a sí mismos los individuos. Es como un viaje interno, semejante a las experiencias colectivas pero individualizantes de las drogas de diseño como el éxtasis (al contrario que el ácido). De hecho resultaría harto difícil en occidente separar la historia de la cultura del ciberespacio de la cultura alucinógena. La sensualidad de la ficción individual se incentiva y alimenta por líneas de texto en conversaciones privadas y colectivas simultáneas.  En lo relativo a los chats no cabría hablar tanto de una comunicación sin un cuerpo físico, sino de comunicaciones dentro de un cuerpo social múltiplemente centrado que, al mismo tiempo, produce la impresión de una relación profunda. Es en este sentido que entiendo la creciente, aunque no obstante velada, importancia del tacto en la era virtual, como se deja entrever en narrativas filmográficas o en la educación que reciben nuestros peques a través de los programa infantiles como los amigables y táctiles  Teletubbies, o incluso, en la misma textura de los accesorios periféricos informáticos como los nuevos teclados o los ratones. La comprensión de las experiencias táctiles en relación con la comunicación mediada por ordenador está en alguna otra parte y no necesariamente debajo de nuestra piel, sino en el tejido social, y no quisiera pensar que la realidad virtual de la internet sea la única mente de nuestra piel. Y es en este sentido, que la experiencia integral que se dice experimentar en los chats, en la era occidental del conocimiento y la información, de los mapas de genéticos, del sida, de la globalización y el neoliberalismo, de las guerras y los nacionalismos étnicos, de las cada vez mayores diferencias entre nortes y sures, deviene cada vez más en el sentido integrador de los sentidos, en una herramienta cognitiva y psicológica central, y por lo tanto reguladora, abanderando la comunicación, y quién sabe si, generadora de con-tactos y transformaciones sociales im/predecibles”.

Según los investigadores americanos, máximos expertos en la materia debido a que fueron los padres de la herramienta comunicativa y los que más tiempo llevan utilizándola, el sueño de encontrar la pareja perfecta en internet, suele ser sólo eso , ya que las historias con final feliz son escasas y fortuitas.  Para los psicólogos americanos, la dificultad reside en la discrepancia entre la “conciencia sin cuerpo” de la red y el encuentro en la vida real. Dos personas pueden gustarse en internet y decepcionarse cuando se conocen. Pero el mayor problema estribaría en que la correspondencia on- line crea la ilusión de una honda proximidad; de ahí que las emociones que se concentran en el romance epistolar suelan desvanecerse en el primer encuentro.

Gordo López matiza dichas aseveraciones: “Emerge un fenómeno interesante; cada vez más resulta menos importante que aquél a quien conocemos on- line, nos decepcione off- line. Existe una cierta predisposición a rehuir de la frustración porque la red  ya es parte del material de que disponemos para pensar y actuar sobre nosotros y los otros. En definitiva, la separación y reordenamiento  de ambos espacios es cada vez más estrecho.”

RECUADRO 1:

EL CHATEO EN CIFRAS.

  1. Según investigaciones de Netvalue, chatea el 28 % de los internautas españoles..

  2. Los españoles se conectan a los chats una media de 6,3 días al mes. La media de los americanos, en cambio, es de 4,8 días.

  3. El 90 % de de la gente busca en los chats sexo y ligues.

  4. Un estudio realizado entre los norteamericanos demuestra que sólo se concretan un 1 % de las parejas que se establecen en la red.

RECUADRO 2:

LO BUENO Y LO MALO

Según el doctor Joseph Walther, profesor de Comunicación, Psicología Social y Tecnología Informática del Rensselaer Polytechnic Institute de Troy, Estados Unidos:

La red desinhibe pero crea falsas expectativas en la mayoría de los casos.

En los chats los sentimientos se “inflaman”, pero se desvanecen en el primer encuentro.

En el texto escrito se pierde la dinámica de la conducta. Las meras palabras no tienen mucha importancia a la hora de establecer una relación; lo que cuenta es la comunicación no verbal: los gestos, las sonrisas... El silencio mismo tiene un significado en la vida real, y eso falta en la red.

On line, la gente sabe sólo lo bueno del otro y nada de lo malo. Las piezas faltantes se reemplazan con esperanzas, no con realidades.

On line, suelen rechazarse personas con las que quizás uno se sentiría muy bien si las conociera en una fiesta.

En la vida real es difícil hablar con extraños. La red permite relaciones que de otra forma no se tendrían.

Es tan probable encontrar una pareja en la red como en una fiesta, una cafetería o haciendo la compra en el supermercado.

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