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Entrevista
con Ángel J. Gordo López Según los americanos, máximos expertos en la
cuestión, sólo el 1 % de las parejas que se establecen on-line
triunfan en la vida real. Cifras al margen, la red está provocando una
revolución en nuestras vidas y nociones como cuerpo, subjetividad y
sensualidad, adoptan nuevos aires. La actriz Paloma Hurtado acaba de casarse en
Orlando (EEUU) con Pat Wolf, un chileno nacionalizado americano. Más
allá de la culminación de una historia de amor, la boda presenta
matices novedosos debido a que ambos se conocieron cuatro años atrás
en un chat. A ella le interesó
el nick (seudónimo en la
jerga de internet) “oyecomvá” que adoptó el misterioso personaje
localizado en ciberespacio. Después de largas confidencias mutuas que
incrementaron el entendimiento a distancia, se vieron varias veces
personalmente en sus respectivos países hasta que decidieron compartir
sus vidas…y comieron perdices. Lo mismo le sucedió a Sergio, un joven
empresario. Separado de su mujer, la incursión en la red le permitió
establecer una relación con Bárbara, una americana de 25 años
dedicada al marketing. Ella viajó a Madrid, se conocieron, decidieron
que eran el uno para el otro, se casaron y establecieron su residencia familiar en España. Tres meses
después, la americana decepcionada, retornaba a su país de origen. De
momento, Sergio ha decidido retirarse de los chats. Hasta ahí, los encuentros y desencuentros
amorosos no se diferencian de otros al margen de la intermediación de
la red. No obstante, las relaciones on-line tienen características
propias. CUERPO Y SENSUALIDAD “El impacto de la red no puede disociarse del
contexto actual. La tecnología no aparece en el vacío. Tampoco aparece
como un producto acabado, sino como un proceso que sintetiza historias
de colectivos y patrones de comunicación en constante transformación.
Es una jungla des-organizada pero no caótica. En el momento actual, la
popularidad de internet contrasta con el cada vez mayor aislamiento de
las personas. Por ejemplo, era habitual que nuestros padres entablasen
una cierta relación con el panadero, con los vecinos… Con el actual vértigo
del tiempo vital cambiamos continuamente de trabajo, de piso, de ciudad
y, últimamente, de móvil, de software o incluso, como en la red, de señas
de identidad. Internet se oferta como un medio para la construcción de
espacios de comunicación, como si fuese la única manera de
socializarse que nunca nos abandonará, que está ahí siempre que
podamos acceder, compensando de este modo el creciente desarraigo y
soledad. Resulta interesante apreciar que incluso antes de entrar por
primera vez en la red, bien sea a través de las conversaciones con
conocidos, las películas, las campañas publicitarias o por la
cobertura que recibe en la prensa, nos sintamos incitados a jugar a
adquirir falsas identidades, a transgredir los límites de género, o a
adoptar características variadas - violentas, amenas, fluidas. Es en
esta conjunción entre visiones del imaginario social y tecnológico que
se imponen, donde también deberíamos pensar sobre los espacios y
posibilidades de las relaciones híbridas entre espacios “on-line” y
“off-line”, así como el modo en que estas relaciones y espacios se
reconfiguran mutuamente”, dice Ángel J. Gordo López, profesor de la
Facultad de Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de
Madrid y editor, junto a Ian Parker, del libro Cyberpsychology (Ed. Macmillan, 1999). Más aún, según Gordo López, “esta
modalidad de comunicación garantiza al usuario la ilusión de
trasladarse a un lugar, real o imaginario, fuera de su ubicación física.
Entre los límites de sus distintas modalidades, la comunicación
mediada por ordenador permite cambiar de identidad, de nombre, de género,
de servidor, de e-mail, decir lo que venga en gana o entrar sin
participar, y a menudo matizado o envuelto por una falsa noción de
participación en un
espacio común, con una carga erótica o cibersexo,
donde, como en nuestra sociedades occidentales, se tiende a equiparar
participación con interactividad e interactividad con democracia. En
este sentido, no sería tanto un nuevo espacio o forma de comunicación
sino un cocktail de
modalidades comunicativas. Los efectos de este cocktail son tan
impredecibles como esperados, tan emancipadores como reguladores.” Y
ofrece ejemplos de cómo los nuevos avances tecnológicos acaparan
nuevos intereses: “En un congreso de realidad virtual en 1993 pude
presenciar como los dueños de cadenas de tiendas de transformación se
paseaban por el congreso internacional preguntando los precios de los
nuevos sistemas que permitirían a sus clientes travestirse en ambientes
virtuales. En este sentido los avances tecnológicos sirven para
armonizar aparentes contradicciones identitarias sin necesidad de
encarar en la “vida real” los riesgos que para algunas personas podría
suponer travestirse fuera del espacio íntimo o, ahora también,
virtual”. A su vez, recuerda como “una diseñadora de 29 años,
afirmaba en una revista querer mantener el 80% de sus relaciones en
persona, sin desechar la posibilidad del resto del tiempo tener fantasías
con tipos atractivos en espacios virtuales”. Gordo López apunta que a su entender, convendría “no dejar de preguntarse, bien sea como investigadores
sociales o como meros usuarios, en qué medida estas “nuevas” formas
de comunicación transforman, dejan intactos o perpetúan dinámicas de
diversidad social, y en concreto, en qué medida dejan intactas o
transforman las relaciones entre los sexos y entre las personas del
mismos sexo”. Begoña, antropóloga de 55 años, divorciada y
con una hija, mantiene
desde hace quince años una relación insatisfactoria con David, plagada
de separaciones y reconciliaciones.
La dependencia afectiva, el miedo a la soledad y la conciencia de
que a su edad es difícil encontrar una media naranja la impulsó a
incursionar, seis meses atrás, en los chats, hasta ahora sin resultados
positivos. Pablo, ingeniero, 35 años, visita la red desde
hace tres. “A medida que fui ganando experiencia aumentó mi decepción”,
dice. “Al principio me entusiasmaba conocer a las chicas con las que
chateaba. Pero sólo el 1 % de los encuentros que tuve se transformaron
en una segunda cita”. En ningún caso, encontró la persona
que prefiguraba el intercambio en el ciberespacio : “no había
feeling”, explica. LA SUBJETIVIDAD EN LA RED “La
red nos permite compatibilizar espacios antes incompatibles –dice Ángel
Gordo López-, precipita comunicaciones, permite líneas de deseos e
intrigas a golpe de ratón entre cuerpos normalmente alejados geográficamente.
Permite un exceso de individualismo conectados en espacios comunes así
como la celebración de la incoherencia social. Igualmente permite
comprender con gran nitidez el modo en que distintos códigos y dinámicas
sociales se activan y ejecutan, repitiéndose hasta la saciedad, de un
modo parecido a las parodias que puedan hacer l@s drag
queens y l@s
drag kings de estereotipos de feminidad y masculinidad. Esta pautas de
interacción aparecen en tiempos y espacios condensados de banda
estrecha como los chats a los que se accede desde los lugares más
variados, como desde el tedio del trabajo, en la soledad hogareña del
reciente desamor, desde los portátiles en los aeropuertos, en los
cibercafés, en las aulas informáticas de las universidades, en los
colegios...,–y pregunta Gordo López-, ¿Por qué
personas que acaban de dejarlo con su pareja, o se sienten solas,
o aburridas, recurren tan a menudo al chat? ¿A qué se debe que el amor
y la sexualidad estén tan a flor de piel en estos espacios tan
aparentemente fríos e “in-humanos”?
Subjetividad y sexo no se circunscriben, como en la vida real,
a entornos íntimos y físicos. Sexo, amor, soledad, flirteo,
affaires… circulan en la red con una ventaja: armonizando la cultura
del riesgo, del placer inmediato y la seguridad. En ella, por ejemplo,
los virus son informáticos, no aparece el sida, aunque tampoco
erradican la homofobia ni necesariamente los estereotipos dominantes de
género. Más aún, la fisicalidad anónima e informática da carta de
ciudadanía a la transgresión y la normaliza”, afirma Gordo López. “Retornamos así a un híbrido entre la
cultura de la consumación inmediata del placer, donde los placeres se
reducen cada vez más al deseo sexual, y la cultura epistolar, un
rebrote del romanticismo, de personas en contactos in-mediatos,
agilizados por los satélites. La presunta transgresión de la
identidad, de las clases sociales, de las jerarquías, aparecería ya en
las calles de distintos centro urbanos europeos medievales. Ahora esos
espacios, la celebración de la transformación y del carnaval social,
se concentran cada vez más en realidades virtuales. Sin embargo,
la comunicación no se produce en banda ancha, es decir visual,
electrotactil y auditiva, sino en banda estrecha, textual. Y en la
cultura del chateo donde aparecen nuevas nociones de presencia, de erótica
de pantalla”, señala Gordo López. “En
los chats se miente mucho”, asegura Natalia, 21 años, estudiante de
cine y asidua de la red. “En principio uno chatea para contactar e
intercambiar impresiones con gente de diferentes culturas y países.
Incluso para divertirse”. No obstante, en su caso, encontró el amor.
“Escribí mi nombre, edad e intereses y al poco tiempo me contestó un
chico de 25 años, mexicano, que pensaba venir a Madrid
para hacer el doctorado en cine. Nos entendimos desde el primer
momento. Intercambiamos fotos a través de la red mientras crecía el
interés mutuo. Hablamos varias veces por teléfono, como una forma de
aproximarnos más, hasta que, por fin, él aterrizó en Madrid.
Estuvimos por cancelar la primera cita debido al nerviosismo y al temor
a la decepción que nos paralizaba a ambos. Cuando nos encontramos, sin
embargo, todo fue muchísimo mejor que en la red. A tal punto, que desde
que llegó, no nos despegamos el uno del otro. ¿Qué sucederá cuando
él termine su doctorado en junio…? El tiempo lo dirá." Un caso similar lo vivió Rodrigo, 35 años,
odontólogo y homosexual. “Después de una relación de muchos años
– explica- no encontraba ninguna que fuera más allá de un simple aquí-te-pillo-aquí-te-mato.
Eso no iba conmigo. Me sumergí en la red y al cabo de mucho tiempo
contacté con un empresario brasileño de 28 años. On-line, aquello
parecía perfecto. Pero ¿qué sucedería off-line? Viajé a Brasil, lo
conocí, y mis expectativas no se vieron defraudadas. Todo lo contrario.
Tiempo después, él vino a Madrid y comprobamos que coincidíamos aún
más. Mientras continuamos la relación a través de internet y por teléfono,
planeamos su venida a España. Su especialidad le permitiría trabajar
desde Madrid, mientras a mí me resultaría difícil comenzar desde cero
en Brasil. La idea es que vivamos juntos en mi casa a mediados de este año.” EL TACTO: SENTIDO REY “¿Por qué los chats, después de casi dos décadas,
no han evolucionado masivamente hacia entornos e interfaces, por
ejemplo, más visuales y gráficos?”, ¿Por qué los chats visuales,
como los avatars, son tan pocos frecuentados en la red?, se pregunta Angel
Gordo. Y agrega: “Porque la capacidad de fantasía que posibilita la
comunicación textual sería
contrarrestada por lo visual. Si hace unos años el lema era
“avancemos hacia lo gráfico, lo visual, lo fotorealístico”,
ahora la investigación se encamina sucintamente hacia la inmersión
orgánica y táctil. Así
se aprecia en recientes fábulas
futurísticas como la última película de David Cronenberg, Existen-Z,
y en numerosos juegos de ordenador, donde la fantasía última
sería “enchufarnos” literalmente a la máquina y no saber si
estamos fuera o dentro, off/on-line.
En añadidura la tecnología cada vez más acoge lo emocional mientras
reimagina y reconfigura lo biológico, lo social. El tacto ya sería
concebido por los antiguos egipcios como el sentido rey, el sentido
integrador. En la red, por ejemplo, este concepto amplio del tacto, de
comunicar, percibir, entender.. implica
que lo textual adquiere tacto, sensualidad, a través de lo virtual. En
un chat lo importante no es tanto lo que dice el otro sino cómo se
imaginan a sí mismos los individuos. Es como un viaje interno,
semejante a las experiencias colectivas pero individualizantes de las
drogas de diseño como el éxtasis (al contrario que el ácido). De
hecho resultaría harto difícil en occidente separar la historia de la
cultura del ciberespacio de la cultura alucinógena. La sensualidad de
la ficción individual se incentiva y alimenta por líneas de texto en
conversaciones privadas y colectivas simultáneas.
En lo relativo a los chats no cabría hablar tanto de una
comunicación sin un cuerpo físico, sino de comunicaciones dentro de un
cuerpo social múltiplemente centrado que, al mismo tiempo, produce la
impresión de una relación profunda. Es en este sentido que entiendo la
creciente, aunque no obstante velada, importancia del tacto en la era
virtual, como se deja entrever en narrativas filmográficas o en la
educación que reciben nuestros peques a través de los programa
infantiles como los amigables y táctiles
Teletubbies, o incluso,
en la misma textura de los accesorios periféricos informáticos como
los nuevos teclados o los ratones. La comprensión de las experiencias táctiles
en relación con la comunicación mediada por ordenador está en alguna
otra parte y no necesariamente debajo de nuestra piel, sino en el tejido
social, y no quisiera pensar que la realidad virtual de la internet sea
la única mente de nuestra piel. Y es en este sentido, que la
experiencia integral que se dice experimentar en los chats, en la era
occidental del conocimiento y la información, de los mapas de genéticos,
del sida, de la globalización y el neoliberalismo, de las guerras y los
nacionalismos étnicos, de las cada vez mayores diferencias entre nortes
y sures, deviene cada vez más en el sentido integrador de los sentidos,
en una herramienta cognitiva y psicológica central, y por lo tanto
reguladora, abanderando la comunicación, y quién sabe si, generadora
de con-tactos y transformaciones sociales im/predecibles”. Según los investigadores americanos, máximos
expertos en la materia debido a que fueron los padres de la herramienta
comunicativa y los que más tiempo llevan utilizándola, el sueño de
encontrar la pareja perfecta en internet, suele ser sólo eso , ya que
las historias con final feliz son escasas y fortuitas.
Para los psicólogos americanos, la dificultad reside en la
discrepancia entre la “conciencia sin cuerpo” de la red y el
encuentro en la vida real. Dos personas pueden gustarse en internet y
decepcionarse cuando se conocen. Pero el mayor problema estribaría en
que la correspondencia on- line crea la ilusión de una honda
proximidad; de ahí que las emociones que se concentran en el romance
epistolar suelan desvanecerse en el primer encuentro. Gordo López matiza dichas aseveraciones:
“Emerge un fenómeno interesante; cada vez más resulta menos
importante que aquél a quien conocemos on- line, nos decepcione off-
line. Existe una cierta predisposición a rehuir de la frustración
porque la red ya es parte
del material de que disponemos para pensar y actuar sobre nosotros y los
otros. En definitiva, la separación y reordenamiento
de ambos espacios es cada vez más estrecho.” RECUADRO 1: EL CHATEO EN CIFRAS.
RECUADRO 2: LO BUENO Y LO MALO Según el doctor Joseph Walther, profesor de Comunicación, Psicología Social y Tecnología Informática del Rensselaer Polytechnic Institute de Troy, Estados Unidos:
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