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LO TECNO-SUBLIME
Lo sublime
y la experiencia clubbing
Basándonos
en Nye, la prueba para determinar lo que es sublime y lo que no lo es
consiste en observar si un objeto aturde a la gente con incredulidad.(Nye
1994:16). Por lo tanto me gustaría volver a la aseveración de Malbon de
que en el calor de la noche la sensación de bailar era de movimiento sin
pensamiento, dejarse ir, dejar a todo partir. En este estado, las palabras
le fallan; las palabras se hacen redundantes e innecesarias, las palabras
carecen de sentido (Malbon 1999:xii-xiii). Cita un apunte del diario hecho
por Seb, para ejemplificar este “dejarse ir, dejarlo todo colgado”. En su
diario, Seb intenta poner en palabras lo asombroso de una experiencia
clubbing en particular:
Al final, era nuestro turno de desconcierto. Todo el mundo podía ver lo
que estaba ocurriendo- todos éramos parte de ello, jadeábamos
maravillados. Fue verdaderamente increíble de presenciar.… La energía
generada ... era fucking eléctrica.
(Seb en Malbon 1999:138-139)
En su
elaboración de lo tecnológicamente sublime Nye observa que ‘cuando
experimentado por grupos grandes lo sublime puede fundir a una sociedad
entera’ (Nye 1994:xiii). Así apunta que, en momentos sublimes, los seres
humanos temporalmente abandonan las divisiones entre elementos de la
comunidad. Según él se genera entonces ‘una experiencia común más allá de
las palabras’ (Nye 1994:xiv). Esta fusión queda perfectamente apuntada
por la observación de Canetti sobre el baile multitudinario:
Al final parece haber una única criatura bailando, una criatura con
cincuenta cabezas y cien piernas y cien brazos, todos actuando
exactamente de la misma manera y con el mismo propósito. Cuando la
excitación llega a su cenit esta gente se siente realmente unida y nada
aparte del agotamiento físico puede detenerlos. (Canetti 1993:35-6)
A cierto
nivel esta observación concuerda con el argumento de Malbon de que el
clubbing es un acto de pertenencia e identificación con el grupo. Él
apunta que la sobresaturación sensorial que ocurre durante la experiencia
clubbing ‘temporalmente reemplaza ciertas facetas de la identidad
individual de los cluberos’ (Malbon 1999:38).
Para
Maffesoli (1995) hay ciertas experiencias donde la configuración social
excede al individualismo. En estas experiencias el medioambiente puede
sumergir nuestro propio sentido de la identidad. Malbon sugiere que tales
situaciones sociales ‘fomentan un ir más allá de las identidades
individuales, una experiencia de ser al mismo tiempo dentro y de alguna
manera más allá del ser’ (Malbon 1999:49). Esta placentera sensación de
estar ‘entre-aguas’- en la que los cluberos fluyen entre la conciencia y
la sensación- es a lo que Malbon da el término de écstasi o éxtasis. (Malbon
1999:71).
Malbon
atribuye esta pérdida del ‘Yo’ o éxtasis al flujo entre identidad e
identificación con la colectividad de la masa aun cuando reconoce el valor
del rol que juega la música al permitirnos salir de nosotros mismos: Yo
argumentaría que la masa no puede ser separada del pulsar de los cuerpos,
del calor, de la música, de la vibración, de las luces y del éxtasis del
efecto de las drogas. Así Bauman apunta que además de la “unidad”:
La densidad física mayor de lo normal genera una densidad similar de
impresiones sensuales: la saturación de visiones y sonidos, un nivel de
estimulación sensual mayor de lo normal, pero todavía más importante una
estimulación condensada y concentrada- que llega a un punto de otra manera
inalcanzable gracias no sólo al altísimo volumen, sino también a la
monótona homogeneidad de los estímulos.… (Bauman 1995:46-7).
Storr
propone que el poder de la música, en particular cuando se combina con
otros elementos emotivos como la luz, el calor, el pulso y el ritmo de los
cuerpos en masa puede ser ‘aterradoramente impresionante’ (Storr
1992:46). Así nos dice Malbon:
La música, el gentío y la “e/moción” puede llegar a ser tan intensa que
incluso los cluberos experimentados, los “enrollados” ... pueden parecer
incapaces de resistir los requerimientos de la música y del gentío ...
perdidos en la intensidad de la situación. (Malbon 1999:114).
Esta
experiencia de perderse en la intensidad de la situación, o lo que Malbon
denomina la experiencia oceánica, es lo que yo he dado en llamar lo tecno-sublime.
En este encuentro el clubero entra en relación con una otredad que es
excesiva e irrepresentable. Mientras que en lo sublime Kantiano el
individuo es un ser ligado, único, contenido y controlado que recupera el
‘Yo’ a través de un encuentro con el evento sublime, en lo tecno-sublime
los límites del ser se hacen muy fluidos y amenazan con disolverse del
todo. En este éxtasis el individuo se enfrenta con la posibilidad de un
colapso en lo desconocido o incluso con su aniquilación o con su muerte.
En esta concepción de lo sublime el “Yo” no es un observador protegido del
riesgo inmediato sino que se encuentra cara a cara con “la cosa”.
Conclusión
He sugerido
que la naturaleza de lo sublime ha cambiado tanto en función de su fuente
como en la forma en que los humanos se relacionan y experimentan con ella.
He argumentado que la fuente primaria de la experiencia sublime ya no está
en la naturaleza, sino que en lo asombroso de lo artefactoal. La respuesta
humana a este asombro no es una de “trascendencia”, sino que a menudo
juega con la misma noción de lo que es el “Yo”, bien en prácticas
artísticas avant garde, la fiesta tecno-dance o hoy en día en el
ciberespacio. Esto es a lo que yo he dado el término tecno-sublime.
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