Vol.2  :: agosto :: 2002-2003

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LO TECNO-SUBLIME
 
 

Lo sublime y la experiencia clubbing 

Basándonos en Nye, la prueba para determinar lo que es sublime y lo que no lo es consiste en observar si un objeto aturde a la gente con incredulidad.(Nye 1994:16). Por lo tanto me gustaría volver a la aseveración de Malbon de que en el calor de la noche la sensación de bailar era de movimiento sin pensamiento, dejarse ir, dejar a todo partir. En este estado, las palabras le fallan; las palabras se hacen redundantes e innecesarias, las palabras carecen de sentido (Malbon 1999:xii-xiii). Cita un apunte del diario hecho por Seb, para ejemplificar este “dejarse ir, dejarlo todo colgado”. En su diario, Seb intenta poner en palabras lo asombroso de una experiencia clubbing en particular:

Al final, era nuestro turno de desconcierto.  Todo el mundo podía ver lo que estaba ocurriendo- todos éramos parte de ello, jadeábamos maravillados. Fue verdaderamente increíble de presenciar.… La energía generada ... era fucking eléctrica. (Seb en Malbon 1999:138-139)

 

En su elaboración de lo tecnológicamente sublime Nye observa que ‘cuando experimentado por grupos grandes lo sublime puede fundir a una sociedad entera’ (Nye 1994:xiii). Así apunta que, en momentos sublimes, los seres humanos temporalmente abandonan las divisiones entre elementos de la comunidad. Según él se genera entonces ‘una experiencia común más allá de las palabras’ (Nye 1994:xiv).  Esta fusión queda perfectamente apuntada por la observación de Canetti sobre el baile multitudinario:

 

Al final parece haber una única criatura bailando, una criatura con cincuenta cabezas  y cien piernas y cien brazos, todos actuando exactamente de la misma manera y con el mismo propósito. Cuando la excitación llega a su cenit esta gente se siente realmente unida y nada aparte del agotamiento físico puede detenerlos. (Canetti 1993:35-6)

 

A cierto nivel esta observación concuerda con el argumento de Malbon de que el clubbing es un acto de pertenencia e identificación con el grupo. Él apunta que la sobresaturación sensorial que ocurre durante la experiencia clubbing ‘temporalmente reemplaza ciertas facetas de la identidad individual de los cluberos’ (Malbon 1999:38).  

 

Para Maffesoli (1995) hay ciertas experiencias donde la configuración social excede al individualismo. En estas experiencias el medioambiente puede sumergir nuestro propio sentido de la identidad. Malbon sugiere que tales situaciones sociales ‘fomentan un ir más allá de las identidades individuales, una experiencia de ser al mismo tiempo dentro y de alguna manera más allá del ser’ (Malbon 1999:49). Esta placentera sensación de estar ‘entre-aguas’- en la que los cluberos fluyen entre la conciencia y la sensación- es a lo que Malbon da el término de écstasi o éxtasis. (Malbon 1999:71). 

 

Malbon atribuye esta pérdida del ‘Yo’ o éxtasis al flujo entre identidad e identificación con la colectividad de la masa aun cuando reconoce el valor del rol que juega la música al permitirnos salir de nosotros mismos: Yo argumentaría que la masa no puede ser separada del pulsar de los cuerpos, del calor, de la música, de la vibración, de las luces y del éxtasis del efecto de las drogas. Así Bauman apunta que además de la “unidad”:

 

La densidad física mayor de lo normal genera una densidad similar de impresiones sensuales: la saturación de visiones y sonidos, un nivel de estimulación sensual mayor de lo normal, pero todavía más importante una estimulación condensada y concentrada- que llega a un punto de otra manera inalcanzable gracias no sólo al altísimo volumen, sino también a la monótona homogeneidad de los estímulos.… (Bauman 1995:46-7).

 

Storr propone que el poder de la música, en particular cuando se combina con otros elementos emotivos como la luz, el calor, el pulso y el ritmo de los cuerpos en masa  puede ser ‘aterradoramente impresionante’ (Storr 1992:46). Así nos dice Malbon:

 

La música, el gentío y la “e/moción” puede llegar a ser tan intensa que incluso los cluberos experimentados, los “enrollados” ... pueden parecer incapaces de resistir los requerimientos de la música y del gentío ... perdidos en la intensidad de la situación. (Malbon 1999:114). 

Esta experiencia de perderse en la intensidad de la situación, o lo que Malbon denomina la experiencia oceánica, es lo que yo he dado en llamar lo tecno-sublime. En este encuentro el clubero entra en relación con una otredad que es excesiva e irrepresentable. Mientras que en lo sublime Kantiano el individuo es un ser ligado, único, contenido y controlado que recupera el ‘Yo’ a través de un encuentro con el evento sublime, en lo tecno-sublime los límites del ser se hacen muy fluidos y amenazan con disolverse del todo. En este éxtasis el individuo se enfrenta con la posibilidad de un colapso en lo desconocido o incluso con su aniquilación o con su muerte. En esta concepción de lo sublime el “Yo” no es un observador protegido del riesgo inmediato sino que se encuentra cara a cara con “la cosa”. 

Conclusión  

He sugerido que la naturaleza de lo sublime ha cambiado tanto en función de su fuente como en la forma en que los humanos se relacionan y experimentan con ella. He argumentado que la fuente primaria de la experiencia sublime ya no está en la naturaleza, sino que en lo asombroso de lo artefactoal. La respuesta humana a este asombro no es una de “trascendencia”, sino que a menudo juega con la misma noción de lo que es el “Yo”, bien en prácticas artísticas avant garde, la fiesta tecno-dance o hoy en día en el ciberespacio.  Esto es a lo que yo he dado el término tecno-sublime.

Referencias

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