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LO TECNO-SUBLIME
 
 

Lo Sublime 

Lo sublime es un discurso teórico, con su historia particular, su canon y sus convenciones sobre cómo el sujeto humano responde a aquello que ocurre en los mismos límites de lo simbólico. De acuerdo con Christine Battersby lo sublime está:

caracterizado por el “asombro”, la “reverencia”, el “respeto” y el “pavor” frente a lo infinito y a lo indefinidamente grande y poderoso. En lo sublime el artista se maravilla de aquello que se manifiesta en los límites de la identidad humana y que amenaza con sobrepasarla. (Battersby 1994:27)

En el encuentro con lo asombroso y con el terror de lo sublime, el individuo se encuentra cara a cara con su posible aniquilación. 

La experiencia sublime ha sido históricamente asociada con fenómenos naturales como por ejemplo tormentas, maremotos, terremotos y con el fuego. Sin embargo en ensayos contemporáneos (tales como los de Nye American Technological Sublime, Crowther The Kantian Sublime:From Morality to Art, Barnett Newman ‘The Sublime is now’ y Lyotard ‘Presenting the Unpresentable: The Sublime’), la experiencia estética de lo sublime ha sido extendida para incluir arte, formas arquitectónicas, logros tecnológicos así como eventos asombrosos o terribles inspirados por humanos. Crowther(1989) ha llamado a esto lo “artefactoal-sublime”. 

La elaboración de lo Sublime por Immanuel Kant  

Pese a que el discurso de lo sublime fue establecido en el siglo primero por Longino, nuestro entendimiento contemporáneo de lo sublime deriva primeramente de la elaboración de lo sublime por Immanuel Kant, tal como lo formuló en su Critique of Judgement (1790). Mientras que para Kant lo sublime estaba relacionado con la naturaleza, no era la naturaleza per se lo importante sino la respuesta individual a la naturaleza asombrosa y terrible lo que era fundamental. 

Kant arguye que en el encuentro sublime, donde el ego se encuentra cara a cara con su posible aniquilación, el ego racional no colapsa ante el temor y el terror, en vez, gracias al pensamiento racional, el ego se recupera a sí mismo frente a esta amenaza. Como escribe Battersby:

El placer de lo sublime implica temor frente a lo infinito; pero también implica trascendencia del miedo. Implica terror y reconocimiento de aquello que pudiera abrumar y destruir al “Yo”, pero también refuerza el “Yo” percibido al medir su fuerza contra aquello que pudiera destruirlo. (Battersby 1994:28)

Daid Nye apunta que al probar su (y lo sublime de Kant tiene género masculino) fuerza frente al infinito aparente, el individuo ‘recupera cierto sentido de auto estima porque la mente es capaz de concebir algo mayor y mas poderoso que lo que los sentidos pueden percibir’ (Nye 1994:7). Así, en lo sublime de Kant, el énfasis en el rol de la mente se desvía, al aprehender lo sublime, de la “naturaleza” a la “percepción” racional de la naturaleza.

La contradicción del encuentro sublime 

Basándonos en Nye, la experiencia sublime, cuando ocurre, tiene una estructura básica. Un objeto, natural o fabricado por el hombre, quebranta la percepción ordinaria y asombra a los sentidos, forzando al observador a forcejear mentalmente con su inmensidad y con su poder. El encuentro sublime introduce una erupción del sentimiento frente al terror o la maravilla que durante un corto periodo abruma la mente para luego ser encapsulado por ella (Nye 1994:5). Sin embargo lo sublime de Kant presupone la elevación de la “razón” por encima de un orden de experiencia que no puede ser representado. En la elaboración de Kant sobre lo sublime hay una insistencia de que en el encuentro sublime el espectador mantiene una cierta distancia ya que el sujeto observa el dolor y el terror sin estar directamente envuelto en ello. Esta separación queda incluida en una teoría estética de la percepción, no de la representación. Sin embargo, a mí me gustaría cuestionar esta separación. ¿Qué ocurriría si el individuo no fuera un observador distante, sino que fuera “parte”?

Yo argumentaría, por ejemplo, que en la terroríficamente increíble experiencia que es la fiesta rave, el raver es “parte”, no está distanciado del todo.

A través del baile uno puede perderse a sí mismo, física y mentalmente, en la música.… En la experiencia clubbing el baile puede que signifique perder el control sobre el propio cuerpo.… El baile funde las nociones de ‘dentro’ (emoción) y ‘fuera’ (movimiento) cuando lo interno pasa a ser externo y lo externo interno. (Malbon 1999:91)

Las conclusiones de Malbon sobre la perdida del “Yo” en el baile fueron extraídas de las observaciones de los cluberos que participaron en el estudio. Uno de sus participantes, Valerie, observó que cuando está disparada, el control racional se abandona:

No lo pensaba- me estaba ocurriendo a mí...estaba forzada a hacerlo.  Lo que hacía estaba siendo forzada a hacerlo por algo...tu ERES la música. (Valerie en Malbon 1999:91) 

Barbara Freeman (1995) apunta que hay una inherente contradicción interna en lo sublime de Kant, puesto que la misma naturaleza de la experiencia sublime implica una distorsión de la distinción entre el observador y lo observado que contradice el supuesto distanciamiento con el encuentro sublime. Para Freeman, el encuentro sublime implica necesariamente una dimensión afectiva que incluye al observador. En este encuentro, lo que le ocurre “al otro” también le ocurre al sujeto que lo percibe o que lo experimenta.

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