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La estética modernista en la biología:
La marginación del organismo
en la herencia y la evolución
Gabriel
Moreno Viqueira
Departamento de Biología
Facultad de Ciencias Naturales
Recinto de Río Piedras
Universidad de Puerto Rico
egabriel@caribe.net
El modelo
lamarquiano de evolución está desacreditado hoy en día y con buenas
razones. Hoy sabemos mucho más sobre los mecanismos de la herencia que en
el siglo 18. De todas formas es interesante notar que una diferencia
básica entre ese modelo de evolución orgánica y el que tenemos en los
finales del siglo 20, conocido como el neodarwinismo. El modelo de Lamark
le daba un papel activo a los organismos en la creación de su propia
historia, mientras que en el modelo actual, las propiedades organismales
no juegan un papel activo. Las propiedades organismales juegan un papel en
la generación de la variación, pero este proceso obedece al azar, y por lo
tanto no puede darle dirección a la evolución. El neodarwinismo propone
que la esencia del proceso de evolución puede resumirse en la selección
natural actuando sobre frecuencias alélicas (genes). En las palabras
de uno de los escritores neodarwinistas más influyentes, Richard Dawkins,
Nuestra existencia presentó una vez el mayor de los misterios, pero [..]
ha dejado de serlo porque el misterio ha sido resuelto. Darwin y Wallace
lo resolvieron, aunque tal vez continuemos añadiéndole notas al calce a su
solución.
Para los
neodarwinistas el mecanismo está ya resuelto en su esencia, y todo lo
demás son notas al calce. El resultado ha sido una visión de la historia y
el desarrollo de los organismos vivos donde los organismos son pasivamente
guiados por la mano dirigente y todopoderosa de la selección natural. Mi
intención es analizar cómo se llegó a este modelo de evolución orgánica
tan peculiar donde las propiedades organismales juegan un papel marginal.
Las
historias del neodarwinismo han sido típicamente escritas desde el punto
de vista del ganador, o sea, son historias de éxito, de la glorificación y
justificación del victorioso, en este caso, el proyecto neodarwinista. Mi
intención es analizar esta historia dándoles voz a los modelos silenciados
que propusieron un papel activo a las propiedades organismales en la
evolución.
Esta
pregunta yo la hago desde el punto de vista de ver la ciencia como una
actividad cultural, que produce imágenes de la naturaleza que reflejan y
apoyan las visiones culturales del grupo de personas que las produjo. Como
dijo Heisenberg, no vivimos en la realidad, sino que vivimos en una serie
de descripciones de la realidad. Estas descripciones o modelos científicos
son útiles únicamente cuando se nos extrae de la realidad aquellas cosas
que consideramos fundamentales o importantes para reproducir esa realidad.
El proceso de construir un modelo implica un proceso de selección, análogo
al proceso de selección en la redacción de un hecho por un periodista. El
hecho sigue siendo un hecho, pero hay varias formas de redactarlo. Es en
este proceso de selección que entran factores culturales, sociales y
económicos en la producción de modelos científicos. Mi interés es ver como
la sensibilidad cultural de distintos momentos de la historia juega un
papel importante en este proceso de selección en la construcción de un
modelo científico. Este es el enfoque de la historia cultural de la
ciencia. Mi interés es analizar cómo el modelo del proceso histórico de la
vida que tenemos hoy, el neodarwinismo, refleja los valores,
predisposiciones, mentalidades y preferencias estéticas del grupo de
hombres que lo produjo, trabajando en el contexto cultural del mundo
angloparlante de principios del siglo 20 (1900-1930).
Las
historias de la biología evolutiva se han escrito típicamente con la
premisa de ver los productos de la ciencia como representaciones de una
realidad que existe independientemente de cualquier contexto cultural o
social. Estas historias ven a los modelos que fueron rechazados,
marginados, o silenciados como modelos de alguna forma inferiores e
incorrectos (por eso perdieron) y por esto no tienen interés de
redactar una historia que le de voz a estas alternativas. El enfoque de la
historiografía cultural es una mejor herramienta para lo que me interesa
investigar, es decir, el escribir una historia que le de voz a los puntos
de vista marginalizados, y estudiar los factores que influyeron a esa
marginalización.
La
sensibilidad cultural que reinaba en el momento histórico en que se
comienza a construir el modelo neodarwinista era la de una sociedad que
vivía la culminación del éxito del proyecto modernista. Se vivía un
optimismo eufórico del poder ilimitado de la ciencia y la tecnología. La
sensibilidad de los hombres que sentaron esas bases era característica de
esa época. El neodarwinismo surgió de un deseo de reducir el proceso de
evolución a un axioma fundamental, universal, sintético, y minimalista.
Para estos hombres, estos eran los valores a los que había que aspirar.
Eran valores casi estéticos y los que definían lo que era un modelo
científico elegante. Durante el proceso de selección en la
construcción del modelo neodarwinista, estas personas valoraron la
simplicidad sobre la complejidad, el determinismo sobre la incertidumbre,
y la claridad sobre lo dinámico e interactivo.
La
sensibilidad de la época
El
neodarwinismo se desarrolló en el contexto histórico donde la sensibilidad
que predominaba era la de un modernismo eufórico. Lo neodarwinistas
compartían las metas universalistas y utópicas de ese modernismo. La
convicción de que la complejidad es solo aparente, y que esconde las leyes
básicas y simples de la naturaleza, estaba ligada a un deseo para llegar a
verdades universales, libres de contexto. Esto a su vez tiene raíces en
algo mas profundo: una fe entusiasta en el progreso a base de la ciencia y
la tecnología. Si la naturaleza obedece a reglas simples y lineales, puede
entonces ser controlada y manipulada fácilmente. Las imágenes del poder de
la ciencia para lograr casi cualquier cosa dominaban a la sociedad. En
este contexto, cualquier intento a sugerir que la complejidad es real e
importante se veía como algo pesimista, ya que implicaba el hacer aparente
los límites de enfoque lineal hacia la naturaleza. El deseo de claridad,
unidad, simplicidad que dio forma al neodarwinismo respondía a una
estética del poder ilimitado de la ciencia sobre la naturaleza. La
elegancia de la claridad y universalidad de un modelo mínimo esta basada
en la sensación de control, de que hemos capturado la totalidad de la
realidad en una verdad sencilla y clara.
Este
modernismo estaba dominado por una estética de lo simple como reflejo de
lo fundamental y lo universal. La estética de la arquitectura moderna, por
ejemplo, esta basada en una reverencia hacia el progreso lineal, verdades
absolutas y la universalidad. Se enfatizaba el progreso unitario de la
humanidad en vez de la riqueza de lo local. Los edificios modernistas, con
su énfasis en la unificación y sus formas geométricas esenciales de acero
y cristal, en lo simple y lo básico, y la superioridad de la línea recta
sobre la curva, son monumentos construidos a la utopía de universalidad y
progreso. Esta estética de la línea recta y de formas geométricas básicas
y unidad de diseño representan una iconografía del poder. La satisfacción
estética de la arquitectura moderna yace en la sensación de que todo esta
capturado en una esencia sencilla. La arquitectura moderna comparte con el
neodarwinismo las mismas premisas sobre la universalidad y el esencialismo
de lo simple y lo lineal, y la superioridad de la claridad de la
simplicidad unificada sobre la confusión de la complejidad. El
neodarwinismo es, al igual que los edificios modernistas, un monumento a
la sensibilidad de esa época.
Los
fundamentos del neodarwinismo
El
neodarwinismo tiene raíces en el trabajo de Ronald Fisher, con su
característica visión de la selección natural como el factor
dirigente y creativo en la evolución. Otros trabajos que fueron
importantes en la consolidación de esta visión de la evolución fueron el
libro de George Williams Adaptation and Natural Selection, y más
tarde, los libros de Richard Dawkins, particularmente el libro titulado
The Selfish Gene. Estos libros son largos argumentos a favor de la
idea de que la evolución es, en lo más fundamental, selección natural
actuando sobre variación genética, llevando a la idea de que la selección
natural es el factor dirigente y creativo y la herencia mendeliana es todo
lo que importa para la evolución. La crítica de esta visión de la
evolución hasta ahora ha ido dirigida a acusar a estos biólogos de un
seleccionismo o funcionalismo ingenuo y exagerado (Gould y Lewontin: A
critique of the adaptationist programme) y de caer en un determinismo
genético demasiado burdo. No me interesa repetir esta crítica hacia esta
visión de la evolución porque me parece que el pintar a estos grandes
biólogos como biólogos poco sofisticados es injusto y hasta falso.
Williams y Dawkins, por ejemplo, dedican muchas páginas a explicar las
complejidades fisiológicas de la herencia. Tampoco creo que estas críticas
logren explicar cómo se llegó a marginar los aspectos organízales de la
herencia y la evolución si está claro que estos biólogos reconocían la
importancia de tales complejidades.
Mi
argumento no está basado en proponer que estos biólogos eran demasiado
ciegos para ver que las propiedades organismales juegan un papel
importante en la herencia y evolución. Mi argumento consiste en que las
propiedades organismales fueron marginadas por la creencia de estas
personas de que existe un aspecto esencial o fundamental al proceso de
evolución y por ende los otros aspectos son menos importantes,
secundarios, o simplemente notas al calce. Estos libros son una colección
de argumentos dirigidos a quitarle importancia a las propiedades
organismales, y por otro lado, a ensalzar el papel dirigente y controlador
de la selección natural sobre la historia de los organismos. En otras
palabras, para asegurar la apariencia de fundamental y esencial
de su visión de la evolución, era necesario quitarle importancia a las
propiedades organismales en el proceso de la evolución. La selección
natural tenía que aparecer como todopoderosa y la herencia tenía que
hacerse menos compleja. El punto de sus argumentos era el demostrar como,
aun cuando el proceso de la evolución puede ser más rico en complejidad,
esta complejidad no va a cambiar el hecho
que la evolución está controlada por la selección natural y lo que
contribuye a el cambio evolutivo es esa parte de la herencia que se
comporta de una manera mendeliana, es decir, mecánica y predecible. Las
complejidades de la herencia como la herencia no-mendeliana, el
desarrollo, la fisiología, las interacciones epigenéticas, las
interacciones entre genes y con el ambiente, etc., se pueden ignorar
porque no afectan esa esencia, ese universal. En las
palabras de Williams:
No importa cuan funcionalmente dependiente sea un gen, y no importa cuan
complicadas sean las interacciones con otros genes y otros factores
ambientales, siempre tiene que ser cierto que una substitución de un gen
va a tener un efecto promedio en fitness en cualquier población.
Williams
quiere decir que aun cuando los efectos genéticos dependan grandemente del
contexto en que se encuentren, siempre hay una cualidad esencial,
su efecto promedio. Williams prefiere anclar la teoría darviniana
de la evolución en el nivel del gen, porque el piensa que es el nivel más
esencial, más básico, más invariable, y más universal, y es precisamente
lo que el estaba buscando:
Es al nivel del gen que logramos el entendimiento más fundamental y
más universal de la adaptación.
Williams ve
la complejidad como una distracción que tiene que ser echada a un lado
para llegar a una visión de la evolución que tenga la simplicidad y
claridad de lo fundamental y lo esencial. Lo que es complejidad e
interacción tiene que ser removido, porque son las cosas que no nos dejan
ver con claridad lo fundamental del mecanismo de la evolución. Tenemos que
quitarle los velos de la complejidad a la naturaleza para que nos deje ver
su esencia central.
Para
entender cómo se logró esto tenemos que estudiar los argumentos
biológicos, y en este contexto el Teorema Fundamental de la Selección
Natural jugó un papel clave.
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