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Estudios Críticos de Cibercultura: Tendencias actuales y
direcciones futuras
Heidi J. Figueroa Sarriera
Dept. de Psicología
Facultad de Ciencias Sociales
Recinto de Río Piedras Universidad de Puerto Rico
Critical
Cyberculture Studies: Current Terrains and Future Directions,
fue organizado por David Silver, fundador del website
Resource Center for Cyberculture Studies (RCCS).

Este
Simposio se llevo a cabo en mayo 8 al 10 de 2003,
en la Universidad de Washington , Seattle, rodeado
de un maravilloso equilibrio entre hermosos edificios y naturaleza
prolífera. El Seminario fue auspiciado por la Fundación Ford y reunió
veintiocho investigadores y activistas con diferentes trasfondos étnicos y
académicos. David Silver estableció dos metas generales para este encuentro:
“en primer lugar, trazar el terreno actual de los estudios de
cibercultura destacando los tópicos y temas más significativos
aludiendo a las teorías y metodologías más utilizadas, y en segundo lugar,
discutir las nuevas direcciones que podría tomar este campo, identificando
y evaluando nuevos proyectos y áreas de estudio”. Los participantes se
dirigieron a estas metas a través de diversas estrategias: estudio de
casos, investigación sobre política tecnológica, discusiones sobre teorías
y métodos de investigación, crítica disciplinaria, e investigaciones
focalizadas en la dimensión histórica, género, etnia y raza en los
estudios de cibercultura.
Los
trabajos presentados articulan más de una estrategia. Por ejemplo, la
investigación de Madhavi Mallapraga sobre el papel de la Web en la
construcción de la identidad del inmigrante hindú en los Estados Unidos en
la contemporaneidad, cuestiona la relación entre género, nacionalismo y
etnicidad en la construcción del ciberespacio. El género también fue el
foco de atención en el estudio de caso de K. O’ Riordan, sobre Ananova,
donde se examinaron las simulaciones de feminidad a través de productos
comerciales digitales. Por su parte, Frank Schapp cuestionó cómo las
personas “hacen” masculinidad, feminidad u otro género no convencional en
ausencia de un cuerpo físico. En este trabajo se ve el género como una
parte de la identidad personal, social y cultural del sujeto.
Otros
estudios de casos aluden a los debates en torno a la política tecnológica
implicando la dimensión histórica del desarrollo del fenómeno
cibercultural. Ejemplo de esto es la investigación de Adrienne Massanari,
“Work hard.
Have fun. Make
history. [Make money]” Narratives of Amazon.com,
la de Gina Neff, Buying Independents: Business Relationships of the
Dot-com Era, la investigación de Fred Turner, Exploring the
Networks Behind Digital Discourse, y la de David Silver, Cyberculture.com:
Commercial Discourses and Cultural Consumption.
Uno de
los temas presentes en la mayoría de los trabajos presentados está
relacionado con las relaciones específicas y complejas entre lo que ha
sido llamado la vida offline y online. Algunos de estos
ejemplares son los siguientes: la investigación de Anthony Fung,
Bridging cyberlife and real life: a study of the online communities in
Hong Kong, la de Bharat Mehra, An Action Research (AR) Manifesto
for Cyberculture Power to “Marginalized” Cultures of Difference y el
trabajo del activista Art McGee, que muestra cómo las tecnologías de
comunicación, especialmente el Internet, ha sido vital para que la
población negra reclame y defina su propia voz dentro de un contexto de
supremacía blanca y hegemonía capitalista.
Una
cantidad sustancial de investigaciones giraron en torno a asuntos de
política tecnológica, que es uno de los temas más comunes en los estudios
de cibercultura, especialmente desde las Ciencias Sociales.
Son ejemplos de estas
investigaciones: el trabajo de Beth E. Kilo, Cultural Considerations
in the Internet Policy and Design: A Case Study from Central Asia, el
de Phillip N. Howard, Digitizing the Social Contract: Commodifying
Political Culture in the Age of New Media, Emily Noelle y su
investigación, Age of New Media, E-scaping Boundaries: Bridging
Cyberspace and Diaspora Studies through Nethnography, la de Blanca E.
Gordon, What Cultural Application? Reflections on Technology and
Persistence of Social Structural Exclusion, el trabajo de Christian
Sandwig, The Structural Problems of the Internet for Cultural Policy,
y el trabajo de Shanthi Kalathil, Government.com: ICTs and Reforming
Governance in
Asia.
Otras
presentaciones se dirigieron a asuntos teóricos y metodológicos, y a temas
menos comunes en la investigación cibercultural. Estos trabajos trajeron a
discusión perspectivas temáticas, y aproximaciones teóricas y
metodológicas menos conocidas. Algunos de estos trabajos son los
siguientes: las reflexiones de Stine Gotved sobre las comunidades y las
investigaciones sobre comunidades online, la propuesta de Greg Elmer,
The Vertical Net: Toward a Critical Cartography y de Kirsten Foot,
Web Sphere Analysis and Cybercultural Studies, el trabajo de David
Phillips, Sexual, identity, social visibility and context-aware
computing y mi propio trabajo, Connecting the selves: Computer
Mediated Identification Processes. Tres de los trabajos presentados
tuvieron como su objetivo principal ampliar el universo de posibilidades
de los objetos de estudio en el campo de la cibercultura.
Estos fueron: la
ponencia de Jonathan Sterne, Sound and the Limits of Cyberculture- An
Abstract Abstract, la de Espen Aarseth, How we became
post-digital: From CyberStudies to Game Studies y la de Wendy
Robinson, Boundaries and contestations: Considering the Relationship
between Cyberculture and Technoculture.
Opino
que aún cuando la mayoría de los trabajos reflejaban diversos grados de
insatisfacción con los perfiles acutales de los estudios de cibercultura,
tres de estos trabajos plantearon visiones más controversiales sobre
diversos aspectos de este campo. En primer lugar, McKenzie Wark en su
ponencia, Cyberculture Studies: An Anti-discplinary Approach,
argumentó en contra de la apropiación de los estudios de cibercultura
dentro de los cánones y convenciones de la academia. Desde su punto de
vista: “ Las disciplinas emergen no como un medio necesario para manejar
la abundancia de conocimiento, sino por el contrario, como un medio
artificial para mantener la escacez de acceso en un regimen de poder/saber
predicado en la política de la jerarquía, la división arbitraria y una
economía de la exclusión (asuntos de propiedad intelectual y derecho a
copias).” La perspectiva de Wark, resultó ser optimista; argumentó que
los estudios de cibercultura tienen el potencial de representar el final
de las disciplinas y de la escacez del conocimiento, en lugar de
conformarse con ser una disciplina más. En segundo término, Nancy K. Baym
en su ponencia titulada, Finding the quality in qualitative internet
research, comenzó su argumento con una aseveración categórica: “Muchos
de los que conducen investigación cualitativa no están metodológicamente
preparados para planear y llevar a cabo proyectos de alta calidad.” Además
de su crítica metodológica, discutió seis fortalezas entrelazadas que
deben tener las investigaciones cualitativas para subrayar lo que entiende
por calidad en la investigación sobre Internet. Finalmente, Lisa
Nakamura en su ponencia, Cultural Difference, Theory, and Cyberculture
studies: A Case of Mutual Repulsion, refiriéndose a la teoría
posestructuralista/posmodernista comenzó su trabajo con la siguiente
aseveración: “‘La Gran Teoría’ sirve para establecer los estudios de
cibercultura dentro de la fábrica académica, ofreciéndole una legitimidad
institucional que pueda ser comprada.” Nakamura cuestionó esta estrategia
de legitimación, al mismo tiempo hizo un llamado a la responsabilidad
social de los estudios de cibercultura. Ella especuló en torno a las
posibles razones para que se haya generado esta situación y sugirió
algunos remedios para ésta. También demandó un mayor interés y
reconocimiento de la constelación contemporánea de racismo, globalización
y tecnocultura en la que la Internet está implicada.
En
general, los trabajos presentados así como la dinámica de las discusiones
generadas a través del Simposio abren las puertas de un nuevo reto. Éste
es cómo hacer trabajo de red respetando las diferencias políticas,
étnicas, etc. y cómo implantar prácticas que desestabilicen la producción
propietaria del conocimiento faciliten su acceso.
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