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Al compartir con colegas y amig@s interesad@s en lo temas
asociados al desarrollo de la Internet, resulta evidente que lo que ha
sido llamado ciberespacio es algo cada vez más distante de la
“alucinación consensual” de la que hablaba William Gibson en la novela de
ciencia ficción Neuromancer. Los análisis de tecno y cibercultura
se alejan cada vez más de las utopías de los primeros escritos y de las
propuestas del estilo de Cyberspace: First Steps, editado por
Michael Benedikt a principios de los ’90 en el siglo pasado; donde se
exaltaba el potencial liberador del ciberespacio y sus ambientes
virtuales. El desarrollo de la WWW ha traído consigo mayor capacidad de
manejo de información y posibilidad de formatos de presentación. Pero
también ha implicado mayor proliferación de intereses comerciales que
acaparan gran cantidad del ancho de banda disponible, y afectan de formas
posiblemente irreversibles la arquitectura de la Red. Las formas de
reglamentación de la Red y la sofisticación de las formas de vigilancia de
sus tránsitos y contenidos han ido en aumento.
En aquel
entonces, la frontera electrónica era un oximoron que cuestionaba
las políticas de los límites territoriales y reclamaba la ingobernabilidad
de sus redes. ¿Es válido insistir en la posibilidad de rutas alternativas
ante las prácticas de dominación y control social? Pensamos que aún hay
que explorar la posibilidad de prácticas electrónicas alternas, y de sus
diversas utopías. ¿Tendrá hoy más vigencia que nunca la propuesta de
Hakim Bey en T.A.Z., la coexistencia de tendencias a desarrollarse
estructuras jerárquicas junto a estructuras no jerárquicas de intercambio
de información y formas de comunicación? La relevancia de esta propuesta
podría ponderarse, especialmente si tomamos en consideración que el
ciberespacio no puede ser concebido en singular, como tampoco puede ser
vivido como un sistema cerrado. Las conexiones entre el ciberespacio y la
llamada vida offline se tornan cada vez más íntimas y complejas.
TeknoKultura participa de la complejidad de la Red, y abre sus páginas
electrónicas a un tercer volumen especialmente interesada en explorar y
debatir estas fascinantes, y al mismo tiempo angustiantes, conexiones.
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