entre el Mundo Real y la Matriz ha mutado, en la acción, a un cosmos común de conexión y mediación continuas. El mapa perimétrico de Zion transmuta en uno donde más bien la intensidad de conexión define las geografías del devenir. Los sujetos que emergen de ellas, en la inercia intrínseca de una capacidad de agencia sin límites prescritos, aparecen como conglomeraciones de las más diversas formas, medios y materiales. Las garantías de su supervivencia radican no ya en su capacidad de contención de una unidad, sino en su recursividad adaptiva, una capacidad que se manifiesta ahora en la habilidad de estos sujetos de incorporar, e incorporarse a partir de, las vías y sustancias más heterogéneas.

Curiosamente, de este modo parece ser surgir la posibilidad de considerar una noción de afecto como fuerza de gestión política y subjetiva. En su expresión más básica, esta capacidad presupone la inclinación a desdibujar fronteras entre el ‘ser’ (‘yo’) y el ‘otro’[15]. Más allá, dando nombre a la tendencia a acoger ‘otros’ en la incorporación misma del ‘ser’, ella propone la obsolescencia de la distinción misma en tanto que todo recurso en las topografías heterogéneas de sus mundos se convierte en parte o recurso potencial del ‘ser’. Ante el imperativo de adaptación en mundos en persistente mutación estos sujetos, fabricados en la inercia de su propia capacidad de agencia, dejan de reconocer la diferencia entre ‘yo’ y ‘otro’, materialidad y virtualidad. Como Trinity, Neo, Agent Smith y los demás rebeldes de la Matriz, estos sujetos reclutan los más diversos espacios y materiales para fabricarse, y sostenerse como, agentes entre el Mundo Real y la Matriz. En la simpatía entre estos dos espacios creada por la misma intensidad del tráfico de sus habitantes, no hay cambios en un mundo que dejen de alterar al otro. ‘Afecto’ también implica la simpatía entre mundos de materialidades inmediatas y los espacios de virtualidades poderosas, de los cuales el Mundo Real y la Matriz son representaciones, respectivamente. En su manifestación más sensible, después de todo, ‘afecto’ implica un vínculo dinámico, una relación, que asocia objetos, seres y singularidades de presencia material con la vaporosidad inefable de pensamientos, inclinaciones y emociones, en primera instancia, inmateriales. Quizás no sea casualidad que sea también esta dimensión afectiva la que distingue a esta séptima Matriz, cuya historia se nos narra, de todas las matrices anteriores. Como nos explica el Arquitecto, todas las demás siguieron el curso previsto por la programación de la Matriz mientras