de una conciencia alterna en la cual creen vivir una vida ‘normal’ al modo de las grandes ciudades estadounidenses a fines de siglo 20, mientras en realidad se encuentran encapsulados como fuente de bioenergía para las máquinas. En éste y muchos aspectos - entre los cuales no es el menos relevante su profundo anclaje en la poética visual de las películas, por una parte, en las imágenes muy orgánicas de la ciudad de Zion y, por otra, en la retórica visual tan cibernética de la Matriz - esta trilogía es una plataforma de exposición, revisión y exploración de estas silenciosas metáforas constitutivas de la cibernética y la biología. No sólo tenemos que en la lógica de la acción se nos reitera la analogía, simultáneamente afirmativa y antagónica, entre seres humanos y máquinas, como notamos particularmente en la trama de una guerra final por la suplantación de unas por los otros, sino que el sistema mismo de la Matriz la elabora en el detalle de la coyuntura histórica a la cual nos referimos, presentándonos un intenso y complicado diálogo entre la concepción energética y termodinámica del organismo y su concepción informática. Podría decirse que son filmes, a su vez, realizados por la metáfora misma. Su argumento y específico despliegue visual, analógico y alegórico no serían posibles – ni probablemente concebibles – sin el recurso conceptual y profundamente arraigado de esta específica configuración metafórica.

La Matriz, entonces no es sólo la vía técnica de conexión entre ambos mundos, sino que es también el vehículo mismo de la metáfora. Específicamente, ella pone en juego la constelación metafórica entre organismos y sistemas artificiales en su particular arraigo en las ciencias naturales de los siglos 20 y 21, a partir del desarrollo de la cibernética. Sería característica de la segunda mitad del siglo 20 la creciente fascinación por la posibilidad tecnológica de la virtualidad informática. No sólo limitada a las áreas de desarrollo técnico y científico, ello ha tenido peculiares efectos en la producción cultural, teórica y crítica del momento. Diversas vertientes tanto de producción artística y literaria, como de la teoría cultural, se han incorporado al entusiasmo por la virtualidad informática llegando incluso a proponerla, abierta o implícitamente como último recurso de realidad. Vertientes como la semiótica, con gran arraigo particularmente en la década de los sesenta, proponían la reducción radical de los hechos, eventos y procesos del mundo conocido a interminables cadenas de significación y comunicación. Valdría