estas metáforas han sido, y continúan siendo, de influencia decisiva en la investigación empírica (Josef Fruton, citado por Kay, 2005, p. 52).

Puesto que ésta no es excepción entre las metáforas, su arraigo ha conllevado, igualmente, la afirmación de su particular personalidad política. Así nos encontramos con que la noción de ‘información’ trivializa persistentemente la dimensión material de los objetos a los cuales se aplica y redirige persistentemente nuestra atención hacia el carácter procesual, y virtual, de los mismos. Es, precisamente, un cambio de énfasis como éste lo que permite a Wiener sostener una aseveración de tan largo alcance como la que define a la misma cibernética: “si ellos [los organismos y las máquinas] deben ser continuamente considerados como iguales, debería depender de si hay un o más distintivo cualitativamente distinto o singularmente específico, que existen en un grupo y en el otro faltan. Tales diferencias cualitativas no han aparecido hasta el momento” (citado por Kay, 2005, p. 121)[11]. Curiosamente, si en la biología la conjunción metafórica que reafirma la analogía entre sistemas vivos y sistemas artificiales, ambos esencialmente definidos en términos de función, sirve para enfatizar la diferencia radical entre ambos, en la cibernética la misma metáfora sirve para realizar una fusión en efecto. No obstante, en esta economía metafórica, ambas vertientes se necesitan y sostienen mutuamente y, como veremos, se complementan en política.

Es el peculiar despliegue de esta coyuntura metafórica lo que me atrae, finalmente, a la trilogía fílmica de The Matrix. La trama de esta trilogía se desata, justamente, en ese contrapunto – a veces alegórico, a veces figurativo, a veces muy visualmente evidente – de los diferentes términos de nuestra metáfora[12]. La acción comienza con no menos que las últimas etapas de una guerra final entre los seres humanos y un creciente ejército de máquinas las cuales, originalmente diseñadas por los mismos humanos con las tecnologías de vida artificial, han conseguido escapar su control y ahora persiguen dominio absoluto sobre la Tierra. Los pocos humanos que han sobrevivido intactos al acecho de las máquinas se encuentran resguardados en Zion, una ciudad subterránea y último bastión de la humanidad. Los demás, mientras tanto, han sido aniquilados o acoplados a la Matriz, una interfase virtual y cibernética que provee a los humanos presos en ella