información a la biología durante la década de los años 50 se encontraron repetidamente con el fracaso.


Ello, sin embargo, no significó el fin de esta teoría para la biología. Muy al contrario, si bien la teoría de la información resultó inaplicable en su detalle, el discurso de la información fue, en su retirada, reapropiado por la biología[10]. Apartándose del estricto marco matemático de la teoría de la información, la biología retuvo, no obstante, su lenguaje. Conceptos como ‘código’, ‘mensaje’ y ‘ruido’ fueron trasladados, en sus definiciones menos estrictas, a la investigación biológica. Interesantemente, el concepto de información y sus nociones asociadas prevalecen como metáforas en el discurso científico de la biología modificando, de esta forma, sus mismos objetos de estudio. Tanto así que ello da origen a la ciencia biológica emblemática del siglo 20, la biología molecular, fundamentada sobre el estudio de interacciones a nivel celular y molecular como procesos de ‘comunicación’, ‘traducción’ y ‘transmisión’ de ‘información’ química y genética (Kay, 2005). Con esta traslación metafórica y conceptual se hace posible hablar de los seres orgánicos como producto de un circuito de transmisión e intercambio de información, ‘codificada’ en los ácidos nucleicos y ‘expresada’ por los genes; ello incluso al punto de que la “preservación de la información” se define como una de las características esenciales de los organismos vivos (Rudomin y Blázquez Graf, 2001). En las posturas más reduccionistas se descompone radicalmente al organismo en información, de modo que, según Rudomin, “[l]a información que define al sistema puede preservarse, de tal forma que el sistema no dependerá para sobrevivir de la existencia continua de cada uno de sus componentes. O sea, que cualquier parte del sistema puede, en teoría, proporcionar la información que se requiere para reemplazar las funciones perdidas” (Rudomin y Blázquez Graf, 2001, p. 18). El modelo informático de representación de los organismos vivos fue impulsado, entre otros, por los mismos James Watson y Francis Crick, a quienes se les adjudica haber revelado la estructura del ADN. De esta forma, metáforas en términos de ‘código’, ‘texto’, ‘mensaje’, ‘lectura’, ‘programa’, ‘instrucciones’ y ‘alfabeto’, por ejemplo, se encontraron presentes en la generación misma del campo de la genética, tal como la conocemos hoy día. Tan constitutivas, pues, de estos objetos de estudio e investigación como las materialidades mismas a las cuales se vinculan,