mediado por la materialización de diversas tecnologías. Estas tecnologías, directamente informadas por los conceptos en cuestión, dieron pie, a su vez, a reconsideraciones y modificaciones de estos conceptos, las cuales también serían incorporadas en nuevas tecnologías y así, sucesivamente. En el curso de este intercambio, las materializaciones tecnológicas o ‘descubrimientos’ de una parte se convertían en contraparte metafórica de la otra y viceversa (Hayles, 1994). De este modo, vale la pena enfatizar, los conceptos y metáforas aparecen no sólo como un efecto cognitivo abstracto, sino que se constituyen igualmente con fuerza material en la producción de conocimiento. En esta doble emboscada conceptual y material las metáforas dejan de ser un mero recurso inerte para convertirse en generadoras activas de posibles caminos de comprensión, interpretación y producción fundamentales a diversos modelos – existentes y posibles - de conocimiento científico.

Curiosamente, la ciencia de la biología parece desprenderse, precisamente, de uno de los desdobles de la metáfora que venimos describiendo. Distinto a las ciencias físicas y químicas, por ejemplo, la biología surge y se constituye entorno a la construcción de una clase específica de sujetos, a su vez, la justificación misma de su existencia como ciencia: los organismos vivos. Presentes en su forma más básica como células vivas, el concepto de organismo viene a describir la unidad fundamental de agencia autónoma en el mundo natural. Es precisamente el carácter subjetivo de esta entidad (su cualidad de agente autónomo) lo que necesita de explicación en la biología y la necesidad de dar cuenta de su producción, sostenimiento y evolución, rigen el proceder de la investigación biológica. La biología como ciencia moderna se distingue así de la historia natural que le precede en tanto que su objeto de estudio se traslada de la preocupación por la forma (predominantemente externa) como criterio fundamental y de definición de los ‘individuos’ naturales, hacia el estudio de las relaciones funcionales internas, inherentes a cada organismo, como preocupación esencial (Foucault, 1970). Característico de este giro es la atención a la ‘función’ como criterio primordial de descripción y clasificación de los seres vivos. Esto conlleva, peculiarmente, el acercamiento analógico entre organismos vivos[6] y