tienen que ver con el desarrollo discursivo de las disciplinas de las ciencias naturales como discursos de verdad objetiva moderna, las metáforas se conciben comúnmente como un recurso estilístico incompatible con la producción de conocimiento científico. Sin embargo, lejos de esto implicar la erradicación de este valioso instrumento conceptual en las ciencias, ello les ha concedido una vida más al margen de la inspección directa pero no por ello menos palpitante. Respecto a su relación, específicamente, con el discurso científico, se ha dicho que la expresión de metáforas ni se puede localizar en el análisis de quienes investigan, ni es mero efecto en el plano de interpretación (Kay, 2005). Ellas son, sin embargo, y de forma particular en su cristalización en forma de modelos teóricos y explicativos, objetos de contención implícitos en debates científicos. Se arguye, más allá, que en sus elaboraciones conceptuales las metáforas se encuentran en la raíz de cambios paradigmáticos en disciplinas científicas[3]. De la misma forma que en otros dominios epistémicos y disciplinarios las metáforas son aquí “constitutivas para determinadas reflexiones y formas de denominación, puesto que proveen modelos, analogías y marcos de interpretación productivos” y son capaces de dar forma al discurso científico mismo y a sus objetos (Kay, 2005, p. 50).

Aquí debo señalar que en este nivel epistémico no me refiero al uso de metáforas como recurso explicativo más o menos espontáneo, nacido de una necesidad inmediata de comunicación, sino a metáforas mucho más fundamentales, ya no complementarias, sino constitutivas del conocimiento mismo. Me refiero, entonces, a metáforas generalmente no articuladas concientemente y cuya forma y contenido son de una u otra forma decisivas en la articulación de conocimiento en dominios disciplinarios o epistémicos específicos. A esta clase de metáforas pertenecería, por ejemplo, la analogía generalizada, y muchas veces tácita, de que el ser humano y otros organismos vivos son comparables a máquinas o mecanismos artificiales autónomos. Notablemente, y aunque no tiene que ser necesariamente el caso de este tipo de metáforas, esta metáfora particular tiene una larga historia que se ha trazado, incluso, hasta los tiempos de la antigüedad clásica[4]. A lo largo de las épocas la contraparte mecánica ha cambiado