cognitivistas, es que su influencia no se limita a los objetos en comparación directa en la construcción metafórica, sino que se extiende a propiedades y otras asociaciones vinculadas a cada uno de estos objetos, respectivamente, pero no directamente abordadas en cada metáfora. Es así que se insiste que, más que dos o más objetos específicos, lo que se encuentra en comparación son dominios o campos de significados en toda su extensión; se trata tanto de los objetos en sí como de todas las posibles relaciones estructurales y asociaciones a las cuales nos remite cada uno. Se habla así de la creatividad conceptual de las metáforas: al construirse mutuamente, los dominios en comparación detonan redes de asociaciones hechas posibles por la metáfora específica que se reproducen indefinidamente más allá de lo explícito en su contexto original. Según argumenta Max Black (1977), una de las figuras pioneras en el análisis cognitivo de las metáforas, es característico de éstas que, por consistir fundamentalmente del establecimiento de una relación de comparación entre dos campos o dominios distintos, a éstas no se le puede atribuir valor intrínseco alguno de verdad o falsedad, pues se trata de la exposición de un punto de vista; su verdad o falsedad sólo puede ser contextual, dentro del marco conceptual y asociativo de la propia metáfora. Para aquéllos que defienden un acercamiento cognitivo a las metáforas, éstas son instrumentales para nuestra comprensión del mundo (asistiendo de forma particular, pero no exclusiva, en el entendimiento de ideas abstractas) y, mucho más allá de su uso artístico y literario, son constitutivas del conocimiento mismo, desde sus vertientes más cotidianas hasta sus ramas más especializadas[1]. El carácter de las metáforas, se argumenta, es tan potencialmente universal, como culturalmente específico[2].

Lo retador de las metáforas como recurso en la organización del conocimiento, sin embargo, es que ni su selección es fortuita, ni su aplicación, trivial. Más que una mera intervención estilística, la formulación de una metáfora – su selección y construcción, y el establecimiento o el énfasis (siempre afirmativo) de la existencia de una relación entre los dominios dispares en asociación – forma e informa todo un contenido epistémico. A pesar de ello, no obstante, la peculiaridad de estas metáforas es que, tantas veces, su existencia, producción y reproducción es mucho más silenciosa que aparente. Por razones históricas, que