relación que se crea en la interacción entre los jóvenes, asumiendo el carácter compartido y emergente de las emociones con la identidad. Desde la mirada de la antropología social, Armon-Jones (1986) y Caterine Lutz (1988) llegaron a la conclusión de que las emociones no son universales ni tienen una base biológica, sino que son prácticas sociales interiorizadas por una sociedad. Otros autores, como Norbert Elias, defienden posturas similares. Para Elias no es la racionalidad la que ha permitido pasar a una sociedad compleja, sino la existencia de emociones que se construyen socialmente y que ayudan a cimentarla. Así, una vez rechazada la dicotomía interior/exterior, se abren nuevas perspectivas para su investigación (Doménech y Ibáñez, 1998, p. 19) a partir de su realidad social y no como esencias personales (Harré, 1986) que nos permiten dejar de pensarlas (y pensarnos) como hechos naturales neutrales fuera de ninguna influencia social.

Gergen (1994) no considera que las emociones sean un elemento más de la vida social sino que están constituidas fundamentalmente por ella. Gil (2004) añade que se hacen presentes en las conductas y los discursos de consumo porque los humanos, como seres sociales, vivimos en constante interacción con los demás. La línea divisoria entre el Self y el Other es enormemente difusa (Monsalve, 1995). Tanto es así, que nadie es capaz de definir en términos, digamos objetivos, dónde empieza lo uno y dónde lo otro, ni tampoco qué elementos de la “realidad” psicológica forman parte de cada uno de los dos entes.

Las emociones como posicionamiento de los jóvenes

Las posiciones en que se sitúan las personas que participan en la interacción son las posibilidades que tiene un individuo de realizar actos en un momento social concreto (Harré, 2002). Un joven no tiene las mismas posibilidades de acción o narración al conectarse desde el cyber o desde casa o la escuela. La teoría del posicionamiento nos permite analizar las múltiples interacciones emocionales en contextos tecnológicos donde el posicionamiento se constituye por el juego activo de posiciones negociadas “como procesos relacionales que se constituyen en la interacción y la negociación con otras personas” (Gálvez y Tirado, 2004). Cuando se articulan y negocian posiciones, también se articulan emociones que