El lenguaje como productor de emociones

No sólo describimos el mundo sino que hacemos cosas en él. Para Austin (1962), el lenguaje sirve para emprender y ejecutar acciones y adquiere así una gran capacidad constitutiva de la realidad, ya no como herramienta de producción sino, tal y como explica Gadamer (1975), como fundamento para que los seres humanos tengan mundo. El mundo es mundo en cuando lo

hablamos, pero este mundo no preexiste a ningún lenguaje en cuanto que éste es preformativo de la realidad (Butler, 1990; 1997). Entendemos, así, que los jóvenes construyen activamente sus propias prácticas al narrarlas (Gil y Vall-llovera et al., 2007). De esta forma el proceso de comunicación es constructor de realidades. Como sostiene Bruner (1990), una de las principales herramientas que disponemos para construir y negociar significados, es la narración. En ésta, un significado puede variar según el sentido que se le atribuya en la interacción; no es pues estático, sino dinámico. Asimismo y durante el intercambio afectivo “pueden crearse nuevos significados para un mismo símbolo e incluso nuevos símbolos para los significados que aún no tienen nombre” (Gil, 2002, p. 82).

Los humanos construimos nuestras realidades a partir de diversos factores, fundamentalmente referidos a nuestra necesidad de adaptar el medio. De este modo, el lenguaje se convierte en un elemento relevante para el estudio de las emociones en tanto que producciones discursivas (Gil, 2002a; 2002b; 2004; Gergen 2004) socialmente construidas. Las emociones son sociales porque son producciones discursivas. Así, emocionarse requiere memoria (que también es social), negociación interactiva con el otro y reflexión para decidir si la emoción es adecuada para sentirse emocionado (Crawford et al., 1992). Podríamos decir que al construir la emoción se parte, en gran medida, del recuerdo (Bartlett, 1995) y, en tanto que prácticas discursivas, las emociones son contradictorias entre sí pero coherentes en sí mismas al constituirse por una serie de “fragmentos” de distinta procedencia. (Gil, 2004).

Las emociones que emergen entre los jóvenes

Para categorizar las emociones nos hemos situado en el espacio de