El presente trabajo propone unas reflexiones que enriquecen los estudios realizados anteriormente y aportan nuevos datos sobre cómo los adolescentes y jóvenes conforman nuevas formas de identidad a partir de la interacción entre pautas de consumo y emoción.Marco teórico

El consumo como forma de relación

El consumo como narrativa articulada a través del uso y disfrute de las nuevas tecnologías, es un concepto relevante para aproximarnos a la dimensión afectivoidentitaria de los jóvenes. La relación entre identidad y consumo queda establecida en cuanto que no consumimos a partir de la necesidad sino por su significado. Así, el consumo tecnológico se materializa en nuevas formas centradas en este universo de ocio y consumo que proveen las nuevas tecnologías (Bauman, 1998; Furlong y Cartmel, 2001; Holland, 2001; Gil et al., 2002), a partir del significado otorgado al acto de consumir. En esta era de capitalismo postindustrial, el consumo en general y, en particular, el asociado a las nuevas tecnologías de relación, se ha convertido en el principal exponente y componente de la vertebración del sujeto postmoderno (Gergen, 1991), de manera que nos permite ser alguien con una identidad concreta, en cuanto que “el consumidor utiliza un producto con finalidades identitarias” (Gil et al., 2002).

Hablamos de TR (Tecnologías de Relación) y no de TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) porque los espacios de conexión son ante todo espacios de relación (Gil y Vall-llovera et al., 2007). Los jóvenes, mediante el uso y consumo de tecnologías de relación, actúan, reproducen, reinterpretan y transforman sus significados y las convierten en potentes herramientas de consumo cultural (Castillos y Díaz, 2001), de manera que construyen activamente sus propias prácticas al narrarlas (Gil y Vall-llovera et al., 2007). Bajo esta mirada, entendemos el consumo como metáfora de la forma en que las personas occidentales establecen relaciones entre ellas y los diferentes objetos (Featherstone, 2000; Gil et al., 2002).