Consideramos que los jóvenes realizan acciones a través del lenguaje como práctica social y vemos como las emociones cambian de sentido según el significado otorgado dentro del contexto de interacción. Así, en la categoría ‘juegos’, se reinterpretan los símbolos compartidos y se confieren otros significados, creando sus propias normas y valores. Un entrevistado dice que ya lo sabe y lo tiene todo y que lo que hace es “encontrar errores en los sistemas para que se traben o algo así” o que “lo máximo no es jugar por jugar, sino jugar con otros”, donde este ‘máximo’ nos sugiere el carácter socialmente construido y negociado de la emoción. Esta capacidad para transformar críticamente la realidad, posibilita que surjan emociones que aún no tienen nombre, a partir de las construcciones narraciones del yo con la totalidad de las categorías. Con las ‘cadenas’ sabemos si eres sexy o te divierte pasar y compartir informaciones, causas y

proyectos. La articulación y negociación de posiciones en estos espacios de relación, abre un mundo de posibilidades identitarias que se rige por normas y reglas propias y nos permite saber no sólo qué sentimos sino qué somos a través de nuestras posesiones: nuestra ropa, nuestra música, nuestras amistades, nuestra pareja, nuestro coche, nuestra clase, etcétera (Gil y Feliu, 2004, p. 8). Las ‘bromas’ y ‘juegos’, más allá del bromear con y jugar con los amigos, entretejen la relación a partir de distintas posiciones que van articulándose en estos espacios de relación, donde las emociones cristalizan tomando forma.

Los agentes sociales de la comunicación no son, pues, “operadores vacíos” que codifican y decodifican, sino sujetos comunicativos competentes que narran lo que hacen en la interacción a través de metáforas emocionales. Las emociones no están dentro de las personas sino que surgen en la relación, al bromear con su amigo o su ligue surge la alegría, pero bromear con el enemigo puede cristalizar en odio. Lejos de crear una sola realidad social, los jóvenes son capaces de crear múltiples realidades significativas desde el presente, donde las emociones no son esenciales sino que se entretejen y cristalizan en la interacción desde los distintos espacios (fuera de las personas) con los objetos, en un proceso creativo y (re)creativo en espiral donde se amplían los espacios narrativos del yo en un proceso de posicionamiento, fuera de las fronteras convencionales que encuentran en entornos escolares o