que la relación entre agencia y cuerpo tiende a volverse más
discursiva.
Esto no necesariamente implica aislamiento, de hecho puede ser todo
lo contrario. Las tendencias en el análisis de la cibercultura
señalan que no se sostiene la distinción tajante entre
online y offline cuando se analiza el uso de estas tecnologías
en su dimensión social y cultural. La actividad online impacta
de muchas maneras la vida de la persona, permite la ampliación
de las redes sociales e incluso la diversificación de la actividad
cultural. Esto no quiere decir que este medio sea una panacea. La
historia del desarrollo del Internet en general está atravesada
por las inclemencias del capital privado y por las pugnas políticas
de control y gobierno del ciberespacio. Pero también –como
en todo espacio social- hay lucha y formas novedosas de asumir la
resistencia a la dominación y nuevas prácticas de activismo
político y ciudadano. ¿Cómo asumir una agenda
de investigación que permita templar éstas y otras tensiones?
Las páginas electrónicas de esta Revista proveen un
foro más de reflexión con el objetivo de expandir desde
múltiples miradas las posibilidades de dar cuenta de estos
temas no como epifenómenos de un malestar cultural sino como
condición cada vez más intensa de eso que llamamos lo
social.
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